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lunes, 10 de mayo de 2010

Los nuevos territorios religiosos



RELIGIÓN, PODER Y TERRITORIALIDAD

Guillermo Gómez Santibáñez

Quiero exponer en este escrito algunos elementos de análisis para una hipótesis de trabajo sobre la relación: religión, poder y territorialidad en los nuevos escenarios sociopolíticos y culturales que se han ido configurando en América Latina y que al transformarse, reinstalan y destradicionalizan lo sagrado bajo nuevas políticas de identidad y nuevos modelos de expansión y representatividad.

Ya no es posible ver la religión[1] de manera pura y absoluta. Las sociedades humanas y sus culturas han despertado a una conciencia universal y holística de tal modo que un abordaje epistémico del hecho religioso[2] exigirá necesariamente la consideración de factores culturales configurativos del entramado social, donde la religión se liga como producto cultural y representa universos simbólicos compartidos.

El abordaje del hecho religioso, desde una premisa teórica y por tanto científica[3], hace que el estudio de los fenómenos religiosos no separe lo que es religión, en cuanto cuerpo organizado de doctrinas, creencias, ritos, instituciones y funciones; de lo que significa la religión en cuanto actitudes, intenciones y sentimientos de quienes viven el misterio de lo trascendente.

La sociología de la religión, ciencias que ha tenido un importante desarrollo teórico, a partir de los estudios aportados por el francés Emil Durkheim; y la fenomenología de la religión, basada en los principios de Edmundo Husserl, Brentano, Jasper y Heidegger, no emiten juicio de valor real sobre el comportamiento de los individuos o grupos que viven una experiencia religiosa determinada; y que se expresan en manifestaciones sociales simbólicas; sino más bien, luego de su observación, se orientan hacia una descripción adecuada y a una interpretación global objetiva del fenómeno, intentando así develar la respectiva especificidad de lo religioso.

A lo largo del continente Latinoamericano, el mapa religioso ha cambiado en los últimos cuarenta años y nuevas mutaciones religiosas se han puesto en evidencia. Han hecho emergencia nuevos movimientos religiosos alternativos, que han surgido como una expresión de la disipación de fronteras, característica del mundo globalizado, permitiendo así el fenómeno de transnacionalización de religiones, movimientos espirituales, significando con ello nuevas demandas y nuevas ofertas de sentido.

En tiempos de globalización y bajo una cultura planetaria, no sólo ha habido procesos de transformación económica y política que han tenido un gran impacto en la concepción y el funcionamiento del Estado, sino también la religión, como producto cultural, ha sufrido el impacto del proceso globalizador con clara incidencia en la política de la identidad y de la territorialidad de los sagrado. La globalización, con la disipación de fronteras, remarca a la vez la especificidad identitaria de los grupos o comunidades, a la vez que modifica los espacios territoriales que se desprenden de sus anclajes materiales fijos y los moviliza (Segato: 2008).

Para Foucault, un teórico de la posmodernidad, el modelo feudal de gobierno del territorio, bajo un monarca o señor, es sucedido por el gobierno de la población como consecuencia de la irrupción de la modernidad y la creación de un Estado entendido como la administración de la vida del grupo humano que se asienta en un determinado territorio bajo un régimen pastoral (Foucault: 1997; 2003; 2000; 2004). La modernidad tardía y su modalidad, la globalización, hace emerger un tercer periodo, que fragmenta y diluye el gobierno pastoral de la población-rebaño, desacoplándola del territorio, para relocalizarla y redefinirla.

El territorio ya no es el espacio geográfico determinado y habitado por un conjunto de personas, sino que es desplazable e instituido por el espacio móvil donde se carga a cuesta emblemas, íconos y se constituyen formas organizacionales que apelan a la lealtad y a la exhibición de fórmulas ritualizadas. La religión se diluye cada vez más en sus contenidos doctrinarios y se debilita en sus debates teológicos como discursos de poder y dominio y deja su espacio abierto para dar énfasis a las fórmulas litúrgicas ornamentales y espectacularizadas como emblemas de pertenencia (Segato: 2008). Siguiendo la ida de Segato, el orden territorial cambia a partir de la escena ritual y la consideración de sus valores sagrados por cuanto el ritual consagra y sacraliza un territorio como tal. Esta consideración se debe entender dentro de un concepto amplio de ritual, donde cabe la relación comunidad-ritualidad e iconicidad religiosa-territorialidad.

De la reflexión anterior se desprende la trasponibilidad o no del territorio y para ello habría que diferenciar tres actitudes religiosas, y que Segato denomina a) esencialismo del territorio: marcados por puntos topográficos fijos y únicos y que no se pueden sustituir. Se trata de la relación eiko-nómica del territorio, muy típica de las religiones ancestrales de la América precolombina. b) relativismo de la localidad: cuyo discurso religioso reinstala el ritual sirviendo de llave para la transustanciación del territorio cotidiano en espacio mítico originario, un ejemplo de esto son los cultos afroamericanos en el que la ritualidad colectiva reinstala y transmuta su escenario en territorio africano convergiendo en él los vivos, ausentes y ancestros muertos en un reencuentro memorial. c) territorialidad móvil: es un modelo religioso basado en un espacio sin marca, abierto y disponible a los tránsitos; es una forma de territorialidad que se vuelve hegemónica.

En las denominadas conversiones evangélicas de los pueblos originarios del continente se producen las borraduras de los puntos marcados, donde se ofrecían ofrendas y sacrificios reemplazando los altares y paisajes religiosos por espacio homologables a un referente universal y cuantificable como es la mercancía. La mercancía es la reducción del símbolo a un fetiche, o logo-marca, que sirve ahora como nuevo operador de sentido.

La territorialidad de movilidad hace posible la entrada de la modernidad y con ella el capitalismo hace su mejor debut con su teología del mercado. Aquí ya no son los espacios marcados por sus monumentos lo que constituyen la territorialidad, sino los desplazamientos humanos de la colectividad. El territorio es ahora trazado por el modelo colonial que se convierte en la red humana para expandirse y comportarse como patria secundaria en su forma organizacional. La identidad no es ya un dato dado que se genera porque se comparte un territorio común, sino que ahora es la identidad la que instaura el territorio.

La religión tradicional, mayoritaria, institucionalizada y hegemónica de los procesos de conquista y colonización de América Latina, ha entrado en disputa de sus territorios jurisdiccionales con movimientos sustitutivos o religiones alternativas conocidos como religiones seculares o civiles. La relación identidad-territorio ha entrado en un proceso de modificación, trayendo al centro lo que antes estuvo en la periferia, es decir, lo que crea territorio no es la población que marca con su cultura el espacio geográfico que habita, sino que es el paisaje cultural, su iconicidad, lo que señala la existencia de un pueblo, lo que crea territorio

Frente a un mundo globalizado y a una sociedad que está creando sus propias alternativas frente a las formas tradicionales de religión, se precisa repensar la religión ante una nueva configuración del mapa religioso de América Latina. El surgimiento de nuevos movimientos religiosos exige a la religión institucionalizada replantearse el tema del diálogo interreligioso[4] y el de la espiritualidad ecuménica y secular.

América Latina ha sufrido en los últimos cuarenta años un sustantivo proceso de mutación religiosa, que ha hecho cambiar de opinión a los estudiosos del fenómeno religioso. En la década del sesenta, se aventuraron a decir que el fenómeno de la secularización en el continente, cristalizaría el gradual crecimiento de la religión hasta hacerla desaparecer. Ya no se puede afirmar esto, porque los resultados no verifican la anterior previsión. Más bien hoy se apuesta por una recuperación o retorno de los sagrado. Este hecho es constatable, principalmente en la Europa posindustrial, que ha sido acicateada por los procesos secularizadores y analizado por pensadores tan distintos como Malraux, Cox, Derridá o Luckmann. Un estudioso como Luckmann por ejemplo, afirma que más que una falta de fe, lo que sucede hoy es la desaparición de la forma social de la religión u ocultamiento de la misma, compatible con una actitud psicológica profunda de creencia.

La manifestación de nuevas formas de religiosidad y nuevas corrientes de espiritualidad y complicidad del poder religioso con el poder político, confirman, en cierto modo, la tesis de Luckmann, que en América Latina no hay descreimiento sino mutación religiosa, trasponibilidad de territorios y poder

Los sociólogos de la religión se han visto en la necesidad de reconfigurar el mapa religioso, para poder entender mejor este proceso de mutación que ha hecho creer a muchos en el fin de la religión. Gauchet dirá que si hay un fin de la religión no hay que juzgarlo como debilidad mortal de la creencia, sino que hay que verlo en la instauración del universo humano-social, no sólo fuera del clima religioso, sino desde su lógica religiosa de origen.

No se trata del entierro de la religión, sino de la desaparición como fenómeno sociológico, esto es, su irrelevancia social y su carencia de espacio funcional, en el contexto cultural de nuestro tiempo. De ahí que el retorno a lo religioso, o a lo sagrado, se traduzca en su aspecto esencial y no en sus formas accidentales de expresión. Desde esta perspectiva, los sociólogos de la religión prefieren hablar de desinstitucionalización de los dogmas, de reacciones fundamentalistas, de difusos misticismos, de religiosidad secular, de transversalidad religiosa o transponibilidad territorial de lo sagrado.

Mardones, en su libro: ¿A dónde va la religión?, afirma “que estamos en presencia de una especie de reblandamiento institucional que deja libre los símbolos religiosos”. Esto conduce a un desplazamiento, de una ritualidad burocratizada hacia nuevas formas de religiosidad más personal y comunitaria, ajena a la institucionalización.

Debemos reconocer por un lado que las instituciones humanas son hechos sociológicos, y por lo tanto cambiantes, y el homo religiosus[5], con su sed de misterio, busca el camino para el encuentro directo, personal o de grupo, con lo sagrado. Por otro lado, debemos reconocer también que las nuevas formas de religiosidad, dan lugar a nuevos fenómenos que se presentan como sacralizaciones camufladas, entre las que sobresalen según la tipología de Luckmann: las de tipo nacionalista, las del culto al cuerpo, y las de exaltación a la naturaleza. Todas estas manifestaciones son una viva y real expresión de los tiempos que vivimos; formas de religiosidad que evidencia la inquietud del espíritu humano, que lucha por la trascendencia para ponerse a salvo del peligro que representa el materialismo desbocado y el tecnicismo predominante y endiosado.

El panorama religioso no se presenta de manera fácil para un análisis objetivo y serio. Son muchos los sistemas religiosos y variadas sus tendencias como para poderlos tipificar, sobre todo cuando estamos frente a un nuevo trazado, como consecuencia de la flexibilización y disolución de fronteras confesionales promovidas por nuevos movimientos religiosos, y que reviven y reflotan además antiguas y distantes tradiciones.

Los mismos reductos religiosos, no escapan a la invasión de estas ideas y creencias. Estas ideas y creencias emigran desde su lugar y contexto de origen, para presentarse como nuevas, reconfigurándose e interactuando con religiones constituidas. Kepel en la “Revancha de Dios”, llamará a este proceso de interacción: “transversalidad”, pues se trata de un marco de referencia para comprender que una idea religiosa puede hacerse presente en varias “iglesias”, atravesándolas. Un ejemplo de esto lo constituye la “Iglesia Universal del Reino de Dios”, (IUDR) fundada en Brasil en 1977 por el Obispo pentecostal Edir Macedo y que en Nicaragua ha cambiado –tal vez obedeciendo a estrategias de márqueting- en tres ocasiones el nombre de su Ministerio; primero “Pare de sufrir”, luego, “Oración fuerte al Espíritu Santo”, y ahora aparece bajo la denominación de “centro de ayuda espiritual”. Sus prácticas rituales contienen signos cristianos, con influencias de rituales del culto afro-brasileño, traído por los esclavos africanos para conservar su vínculo con su tierra natal y las creencias en sus dioses y espíritus. Otro ejemplo es lo que sucede con las cruzadas de milagros con el hermano Pablo María, que por el contenido de su mensaje, la música y ciertos gestos rituales, no existiría diferencia con las concentraciones de las iglesias neo pentecostales, que reciben a sus tele-predicadores musicales en los estadios o recintos de masiva concurrencia de público. Cualquier pentecostal o carismático se siente muy bien identificado con Macedo o Pablo María. Se trata de un fenómeno que busca ideas en otras fuentes e imita sus prácticas.

Desde el punto de vista de la sociología de la religión; el fenómeno de los Nuevos Movimientos religiosos, entra en una tipificación donde la dinámica de dichos movimientos obedece a criterios identificables como fenómeno religioso comunitario con un impacto de rebote en la sociedad como tal. En otras palabras, bajo este supuesto, los fenómenos religiosos hablan de la realidad social, en tanto que simultáneamente la tradición generadora de mitos y ritos es un acto colectivo.

Las creencias religiosas, del orden que sea, se expresan a través de grupos; de manera comunitaria (iglesias, cofradías, órdenes, sectas, etc.), con un impacto social ineludible.

La religión tiene que ver con una cuestión esencialmente humana, y por lo tanto con un orden social, al que puede legitimar o criticar. Dentro de esto se aborda un asunto fundamental, y es la cuestión del poder. El tema del poder no es ajeno al factor religioso ni mucho menos a la disciplina que estudia los fenómeno religiosos, debido a que los “bienes de salvación” pueden ser manipulados por diferentes especialistas (magos, sacerdotes, pastores, caudillos etc.) o clases sociales.

Para Weber el poder es “la probabilidad, cualquiera que sea el fundamento de ésta, que, dentro de una relación social, tiene un individuo o un grupo de imponer su propia voluntad, aún contra toda resistencia”. La definición weberiana supone una relación de poder entre un polo dominante y un polo subordinado. Este proceso dialéctico también se da dentro de una organización religiosa. La colectividad produce y consume sus propios bienes religiosos para satisfacer sus demandas, como también surgirán “especialistas” que legitimarán su poder mediante la producción de complejos sistemas teológicos y un sofisticado aparato cultual. El cristianismo en general, desde una perspectiva sociológica, vivió todo un proceso en el cual fue construyendo su poder con el fin de legitimarse en un mundo que cultural y políticamente le era adverso. Así entra en un juego de poder relacional y sacral, hasta constituirse en un poder religioso consistente en la capacidad que tengan algunos grupos para producir y distribuir los bienes religiosos, impidiendo este ejercicio a los demás. Este proceso, siguiendo el esquema de Weber, pasa por un principio de autoridad carismática, enseguida un tipo de autoridad tradicional para luego conseguir la centralización del poder patriarcal. (Weber, 1974:43)

En la relación dialéctica religión/poder político el poder se sacraliza, en tanto toda comunidad, dado su carácter social, necesita construir un universo simbólico que le dé sentido e identidad para situarse en su mundo, pero también necesita normas de control social.

Dentro del orden social, la religión es un factor de poder legitimador que aprueba o desaprueba críticamente la realidad y le da sentido, razón y belleza al cosmos oponiéndose al caos, al desorden, a la nada. La religión como universo simbólico, tiene una función ordenadora, nómica, y como tal se expresa culturalmente en la sociedad.(Fernández, 1997:36)

La religión fue la primera modalidad que tomaron los universos simbólicos. Se expresaron en su cosmovisión mitológica y se reactualizaron en el ritual. Esto permitió que la tradición pasara a las nuevas generaciones bajo un tiempo sagrado, siendo ésta fuente de cohesión y reproducción social. (Durkheim: 1962)

En la medida que las sociedades se fueron haciendo más complejas, los grupos de poder sintieron la necesidad de imponerse sobre la mayoría e institucionalizar esa relación. Sin embargo, esta relación de poder exige más que la apelación de motivo, requiere también de legitimidad. Se necesita justificar el poder para imponerlo como un derecho y la obediencia como un deber. La legitimidad necesita apoyarse en una creencia y la religión proveyó al poder político la principal fuente de legitimación del poder en virtud de su eficacia legitimadora para ocultar el carácter humano de las instituciones y presentarla como voluntad de los dioses. De acuerdo a la tradición mítica, los dioses (lo sobrenatural) irrumpen en el mundo, otorgando a la naturaleza un carácter esencialmente sagrado y un fundamento a todas la realidad.

La religión proporciona a los dominados formas de evasión que le hacen más llevadera su vida, pero a la vez puede despertar una conciencia subversiva para su propia liberación.

Visto así, el poder religioso puede legitimar todo el orden social, donde la religión es un producto cultural de ese universo simbólico.

El poder es una noción analógica, porque admite toda una tipología de modalidades: coerción, influencias, autoridad, fuerza, manipulación, dirección, etc. Hacia el interior de las comunidades religiosas a lo largo de su historia, se han practicado todas estas modalidades, y hoy se prefiere la “autoridad”, aunque no se excluye la manipulación; inculcando el autoconvecimiento, modelando sus necesidades religiosas, controlando sus pensamientos e incluso sus cuerpos, de tal manera que se obtengan los deseos esperados.

Bibliografía

Croatto, Severino José. Experiencia de lo sagrado. Editorial Verbo Divino, España 2002.

Durkheim, Emile: Las formas elementales de la vida religiosa, Shapire, Buenos Aires, 1962.

Weber, Max. Economía y Sociedad, F.C.E. México 1974

Del Riesgo, Manuel Fernández. La ambigüedad social de la religión. Editorial del Verbo Divino, España 1997

Revista Aportes nª 55, Bogotá, Octubre 2000 pp. 45-56

Bautista, Esperanza. Aproximación al Estudio del Hecho Religioso. Editorial Verbo Divino, España 2002

Revista Estudos de Religiao Año XII, N° 15 decembro de 1998 pp. 39 -61

Colección Grupos de Trabajo. América Latina y el Caribe: territorios religiosos y desafíos para el diálogo. CLACSO-Libros, Buenos Aires, Argentina 2008



[1] La cuestión en torno a una definición de religión, constituye una cuestión compleja y controvertida en los círculos académicos, sobre todo en los estudios introductorios a la historia de las religiones. Esta misma complejidad se traslada a los temas vinculados con lo religioso como lo son el tema de lo sagrado, lo trascendente, lo divino, etc. En 1990, la Asociación Internacional de la Historia de las Religiones celebró en Roma su congreso mundial y lo dedicó a la definición de religión. Muchos han considerado inadecuada una definición de religión, apriorística, abstracta, sin toma en cuenta los diversas aspectos del hecho religioso. Sin embargo, toda teorización de un cierto fenómeno debe partir de una noción, de un concepto aunque sea de forma genérica. Se pueden dar una definición real partiendo de un enunciado en forma de círculos concéntricos: a) en su sentido estricto: religión es un conjunto de creencias, celebraciones y normas éticos-morales de las cuales el ser intelectual reconoce en clave simbólica, su vinculación con los con lo divino en la doble vertiente, a saber, la subjetiva y la objetiva o exteriorizada mediante diversas formas sociales e individuales, b) en un sentido amplio: como una realidad o institución en la cual haya un sistema de verdades que hay que creer, un conjunto de normas ético-morales que hay que cumplir y una serie de ritos que hay que celebrar con tal que acepte una cierta trascendencia y supervivencia del hombre, c) en sentido metafórico: las religiones alternativas, sustitutorias de las religiones tradicionales mayoritarias, llamadas también seculares o civiles, constituidas por diversos movimientos contestatarios convertidos en nuevas formas de religión y que han proliferado principalmente en sociedad modernas.

[2] Dentro de los estudios sobre religión se denomina hecho religioso a las experiencias religiosas del ser humano dentro de los sistemas sociales y expresadas a través del símbolo, instituciones sociales y estamentos que son propias de la cultura

[3] La fenomenología de la religión como parte de las ciencias de la religión, se mantiene en contacto con los datos positivos y mientras el resto de las ciencias estudia algún aspecto del hecho religioso, ya sea el etnográfico. social, síquico, histórico etc. la fenomenología procura una interpretación global para develar más directamente el carácter específico de lo religioso

[4] El concepto de diálogo se define en contraposición por su ausencia, por la carencia del mismo o por su antagonismo y la imperiosa necesidad de establecer acercamientos entre una religión y las otras

[5] El ser humano se define como un ser Sico-biológico-social-cultural-espiritual. No se acaba en su inmanencia u onticidad, sino que aspira a su trascendencia como re-ligado

martes, 6 de abril de 2010

Seguridad alimentaria

“La Defensa de la Seguridad y Soberanía Alimentaria en el Contexto de Crisis Internacional- Perspectiva de la Sociedad Civil Nicaragüense”

“Yo tengo la audacia de creer que las personas en todas partes puedan
tener tres comidas por día para sus cuerpos, educación y cultura para
sus mentes, dignidad, equidad y libertad para su espíritu.”

Martin Luther King Jr.,
durante su discurso de Premio Nobel de la Paz 1964


Vivimos en una época peligrosa. El ser humano ha aprendido a dominar la naturaleza mucho antes de haber aprendido a dominarse a sí mismo.

Albert Schweitzer (1875-1965) Filósofo, médico y escritor alemán.


I. Los Conceptos

Soberanía Alimentaria: es el derecho de los países y los pueblos a definir sus propias políticas agrarias, de empleo, pesqueras, alimentarias y de tierra de forma que sean ecológica, social, económica y culturalmente apropiadas para ellos y sus circunstancias únicas. Esto incluye el verdadero derecho a la alimentación y a producir los alimentos, lo que significa que todos los pueblos tienen el derecho a una alimentación sana, nutritiva y culturalmente apropiada, y a la capacidad para mantenerse a sí mismos y a sus sociedades .

Seguridad Alimentaria: Existe seguridad alimentaria "Cuando todas las personas tienen en todo momento acceso físico, social y económico a los alimentos suficientes, inocuos y nutritivos que satisfagan sus necesidades energéticas diarias y preferencias alimentarias para llevar una vida sana y activa”

II. Presentación

La agenda nacional de la clase política y los grupos de poder no registran en sus plataformas los conceptos de Seguridad y Soberanía Alimentaria. Las Organizaciones de la Sociedad Civil, y el Movimiento Social en particular, han asumido el reto de visibilizar tales conceptos a través de acciones que en la mayoría de casos se ven minimizadas por un modelo socioeconómico que ubica el acceso a los alimentos no como un derecho humano sino como simples mercancías; y a quienes demandan alimentos no como seres humanos sino como consumidores .

Desde la perspectiva del Estado la Soberanía y Seguridad Alimentaria debe considerarse, además de un tema inherente al Desarrollo Humano , un tema de Seguridad Nacional . La Soberanía y Seguridad Alimentaria están vinculadas a áreas estratégicas de la nacionalidad nicaragüense: economía campesina, herencia cultural, medioambiente y salud pública .

Según el Diálogo Rural Iberoamericano , “si bien no es fácil hacer pronósticos para los años venideros, los precios de los alimentos básicos deberían caer –y de hecho es lo que ha estado ocurriendo en los últimos meses-, pero marcando un nuevo piso del cual no descenderán fácilmente. Los precios no volverán a los niveles experimentados a inicios de siglo. Esto hace que se mantengan los riesgos de inseguridad alimentaria y nutricional”.

Las crisis cíclicas del sistema repercuten en los mercados productivos, el incremento de precios no beneficia a los productores y campesinos; las ganancias se atascan en las cuentas de las grandes corporaciones. Los insumos productivos, perniciosos y no perniciosos, dependientes de las importaciones aumentan sus precios vertiginosamente, y a quien corresponde pagar esa factura es a los más pobres. El mercado global no cubre a todos “globalmente”.

En el plano medioambiental las amenazas son latentes; en el corto plazo se seguirán produciendo ciclos estacionales inestables (sequías, lluvias intensas), el despale indiscriminado y sus consecuencias (erosión acelerada de los suelos, traslado de agrotóxicos y otros contaminantes hacia los cuerpos de agua superficiales y subterráneos) y la permanencia de prácticas productivas agresivas (tumba-roza-quema) son entre otros algunos de los factores que limitarán en el futuro cercano las capacidades productivas del país.

En una escala global los efectos medioambientales están fuera de una capacidad nacional de respuesta; el cambio climático (calentamiento global y manifestaciones de megafenómenos meteorológicos) y sus consecuencias en los próximos 20-30 años son poco o nada considerados en la matemática socioeconómica y ambiental de nuestras instituciones públicas y privadas .

El escenario para Nicaragua no es nada alentador; la factura de importación de alimentos está al alza (datos de la Dirección General de Aduanas indican que sólo en maíz amarillo se importaron 34.9 millones de dólares en 2005), a ella le acompaña una marcada política pública de privilegiar a la gran producción agroexportadora vinculada al mercado global. Las leyes se diseñan a la medida de los grupos locales de poder económico y los intereses de las transnacionales, soslayando la enorme masa humana que nos garantiza tener comida sana en la mesa.

En otro orden, la problemática en torno a la propiedad rural sigue sin resolverse, ello restringe la aplicación de políticas públicas referidas al ordenamiento territorial, uso racional de los recursos hídricos, protección de la biodiversidad y uso sostenible de los suelos así como la ejecución de inversiones públicas y privadas que faciliten el mejoramiento del nivel y calidad de vida de los pobladores del sector rural.

Nicaragua carece de un enfoque territorial integral que reduzca los márgenes de desequilibrio territorial urbano-rural así como las brechas en los principales indicadores económico-sociales. Es definitivo que el gasto social actual no revertirá sustancialmente el nivel y calidad de vida de los pobladores en general, particularmente del área rural.

III. El entorno Legal

La Primera Conferencia Internacional sobre Alimentación de las Naciones Unidas (Roma, 1974) aseguró: “Dentro de una década ningún hombre, mujer o niño se acostará con hambre”. Sobra decir en cuántas Rondas, Cumbres, Acuerdos y Resoluciones en donde se han planteado los Objetivos y Metas mejor intencionados, Nicaragua ha sido signataria. Los resultados tangibles y medibles han sido bastante diferentes.

En materia alimentaria y medioambiental poseemos un cuerpo de leyes bastante estructurado, sin embargo existen factores objetivos que obstaculizan la aplicación de dichas leyes: débil institucionalidad, marcada politización del debate, presiones de agentes externos, tráfico de influencias y falta de voluntad política, entre otros. Destacan en este cuerpo de leyes:

1. Ley General del Medio Ambiente y Recursos Naturales (Ley 217)
2. Ley General de Aguas Nacionales (Ley 620)
3. Ley de Protección para las Obtenciones Vegetales (Ley 318)
4. Ley de Municipios (Ley 240)
5. Ley Básica de Salud Animal y Salud Vegetal (Ley 291)
6. Ley de Producción y Comercio de Semillas (Ley 280)
7. Ley Orgánica del Instituto Nicaragüense de Estudios Territoriales (Ley 311)
8. Ley de Reforma Agraria
9. Estatuto de Autonomía de las Regiones de la Costa Atlántica de Nicaragua (Ley 28)
10. Ley básica para la Regulación y Control de plaguicidas; Sustancias Tóxicas, Peligrosas y otras similares (Ley 274)
11. Ley General de Salud (Ley 438)
12. Ley de Defensa de los Consumidores (Ley 182)

También existen importantes atribuciones de las entidades del Sector Público que de ser observadas integralmente cambiarían el actual escenario :

- El Ministerio de Fomento, Industria y Comercio (MIFIC), es el ente regulador de los derechos de los consumidores y la seguridad alimentaria en coordinación con el Ministerio de Salud Pública. EL MIFIC administra el registro de la propiedad intelectual (patentes), marcas, obtención vegetal, etc.

- El Ministerio de Salud Pública (MINSA), actúa como ente regulador de los temas en salud humana referidos a los productos de la biotecnología; empero, hasta la fecha su competencia no se extiende a la regulación de productos transgénicos, sino únicamente a los derivados de la biotecnología convencional.

- El Instituto Nicaragüense de Fomento Municipal (INIFOM), tiene atribuciones definidas para promover, apoyar, asesorar, coordinar y articular acciones referidas al de desarrollo local, participación ciudadana y comunitaria, catastro, investigación, planes de desarrollo, sistemas de información municipal y otros.

- La Intendencia de la Propiedad, órgano especializado del Ministerio de Hacienda y Crédito Pública, tiene competencias en cuanto a la emisión de títulos de propiedad conforme la Ley de Reforma Agraria, demarcación y titulación de tierras en las comunidades indígenas y áreas protegidas, co-liderear con el MAGFOR, INAFOR, MARENA y MIFIC el proceso de formulación y ejecución de la estrategia y políticas de tierras a nivel nacional, sector reformado, urbano y rural.

Desde las atribuciones de gobierno, Nicaragua ha sido signataria de Acuerdos y Resoluciones que complementan acciones en materia de control biotecnológico:

o Convenio de Diversidad Biológica, (firmado en junio de 1992 y ratificado en noviembre de 1995).
o Protocolo de Cartagena sobre Seguridad de la Biotecnología (ratificado en 2002).
o Resolución AP/4 CLXX 2005 del Parlamento Centroamericano en donde solicitan a los gobiernos de la Región el no introducir o liberar transgénicos, e instan a la construcción de marcos de bioseguridad y el retiro de la ayuda alimentaria con presencia de Organismos Genéticamente Manipulados (OGM).

Por otro lado, se encuentran en la Asamblea Nacional varios anteproyectos de leyes pendientes de consulta, discusión y aprobación:

o Ley de Ordenamiento Territorial
o Ley de Fomento de la Agricultura Ecológica
o Ley de Prevención de Riesgos Provenientes de OGM
o Ley de Conservación y Utilización Sostenible de la Diversidad Biológica
o Ley de Soberanía y Seguridad Alimentaria y Nutricional.

En general, el cuerpo jurídico-legal vinculante a la Soberanía y Seguridad Alimentaria padece del mismo mal que otras leyes referidas a la vida socioeconómica nacional; no trascienden un carácter indicativo y su margen de aplicabilidad es sumamente reducido.

IV. El contexto

Algunos efectos de los vacíos legales, fragilidad institucional e inaplicabilidad de las regulaciones existentes en materia de Soberanía y Seguridad Alimentaria:

- Pocas posibilidades de defender y aprovechar el valor económico y estratégico de los recursos genéticos y de la biodiversidad presente en nuestro territorio.
- La prevalencia de poderosos intereses de la industria biotecnológica (medicamentos, semillas, agrotóxicos y alimentos) que valiéndose de mecanismos ilícitos, como la biopiratería, utiliza las leyes de propiedad intelectual para patentar nuestros recursos genéticos bajo sus marcas.
- La introducción de semillas transgénicas producidas por compañías transnacionales, creando dependencia de agrotóxicos fabricados por las mismas y afectando directamente la economía campesina, ya que los agricultores tendrán que pagar derechos para el uso de estas semillas, encareciendo la producción y creando más pobreza.
- En la práctica las políticas agrícolas y ambientales nacionales han estado basadas en modelos de privatización, monopolización y exportación irracional de los recursos naturales.
- La onerosidad de las políticas de apertura comercial que prácticamente nos deja indefensos frente al potencial peligro para la seguridad alimentaria, el medio ambiente y los recursos genéticos.
- La vulnerabilidad generada por la subalimentación de nuestra población más empobrecida frente a las donaciones de alimentos de organismos como el Programa Mundial de Alimentos y la Agencia Internacional para el Desarrollo del gobierno de Estados Unidos . La siguiente tabla es elocuente:
Fuentes potenciales de ingreso de Organismos Genéticamente Manipulados seleccionadas en el proceso de monitoreo.
País Producto
Guatemala Ayuda Alimentaria
El Salvador Ayuda Alimentaria y Semillas de empresas agroimportadoras
Honduras Ayuda Alimentaria
Nicaragua Ayuda Alimentaria, productos procesados para consumo humano
Costa Rica Semillas nacionales, importaciones de materia prima para empresas nacionales procesadora de alimentos para consumo humano y animales
República Dominicana Productos procesados para consumo humano importados de varios países de América del Sur y semillas de empresas agroimportadoras
Fuente: Alianza Centroamericana de Protección a la Biodiversidad, Monitoreo 2004.


- La evidente desarticulación de las instancias regionales del Sistema de Integración Centroamericana (SICA), como la Comisión Centroamericana de Ambiente y Desarrollo (CCAD), la que en general excluye a los organismos de la sociedad civil en las discusiones y consultas alrededor de los marcos jurídicos de bioseguridad regionales.
- Discrecionalidad del Poder Ejecutivo en los aspectos referidos a la manipulación y uso de los OGMs, los que están regulados por la Ley Nº 290 de Organización, Competencias y Procedimientos del Poder Ejecutivo. En este marco, el Decreto 59-2003 establece que el Ministerio Agropecuario y Forestal tiene la competencia de autorizar posibles aplicaciones de OGMs según dictamen técnico de la Comisión Nacional de Análisis de Riesgos de Organismos Genéticamente Modificados (CONARGEM).

V. Las condiciones de la Nicaragua actual

• La posición tropical privilegiada de Nicaragua en el continente americano se traduce en más de 20 ecosistemas, distintos ricos en biodiversidad .
• Un país de 132 mil Km², el 0.13% de la superficie terrestre mundial, posee una diversidad faunística, florística y geográfica equivalente al 7% del planeta .
• El Corredor Biológico Mesoamericano, existía en forma natural hasta hace pocos siglos. Ha sido fragmentado y sólo quedan bloques grandes de bosques en las ecoregiones Central y Atlántica del país.
• En el Herbario Nacional se han descrito unas 8,550 especies. Nicaragua se encuentra en el rango de distribución de 410 especies aún no colectadas, lo que totaliza casi 9 mil especies identificadas.
• La fauna no domesticada de vertebrados terrestres del país podría estar compuesta por unas 1,200 especies pertenecientes a más de 130 familias.
• En la plataforma continental de unos 80 mil km², considerando profundidades de 0 a 200m. se reporta la existencia de unas 621 especies, tanto de peces como de crustáceos.
• El Programa Campesino a Campesino (PCaC) realizó una investigación sobre semillas criollas de granos básicos en 34 de los 153 municipios que existen en el país. Se lograron identificar 114 variedades de maíz, 121 de frijol, 18 de leguminosas comestibles, 24 variedades de sorgo y 8 de arroz, lo cual da una idea de la enorme biodiversidad existente en el país .
• Según datos del MAGFOR, el país dispone de una área para la agricultura que representa 1.9 millones de manzanas y un área para la explotación ganadera de 1.4 millones de manzanas.
• Sin embargo sólo se cultiva un área total de aproximadamente un millón de manzanas anuales, cuando se podría cultivar un área cinco veces mayor con tres cosechas anuales.
• La agricultura bajo riego no alcanza el 10% del área sembrada, y se focaliza en tres rubros principalmente: caña de azúcar, arroz de riego, y en menor medida el banano.
• El sector agropecuario aporta el 26% a la conformación del PIB, agricultura con 16 % y la ganadería con 10 %, adicionalmente apoya al sector industrial proveyéndole de materia primas.
• Más del 60% de las exportaciones totales son de origen agropecuario.
• Más del 35% de la PEA encuentra ocupación en las actividades agropecuarias.
• La población satisface sus necesidades alimentarías en un 80% con producción proveniente del sector agropecuario.
• El 44 por ciento de los alimentos son importados, lo que significa que hay un modelo económico que depende cada día más del mercado.
• 83 mil pequeños productores de granos básicos a nivel nacional es la meta que tiene prevista para brindar apoyo financiero el MAGFOR, para las tres épocas de siembra del ciclo productivo 2009-2010.
• Según el MAGFOR en la siembra de primera se financiará a 45 mil pequeños productores de arroz, frijol, maíz y sorgo con 45.4 millones de córdobas.
• En Nicaragua (al igual que en otros países en desarrollo) los alimentos representan el rubro de gasto más importante en las canastas familiares (38.5%)
• En 2006 los cultivos de consumo interno representaron el 73.4% del área cosechada.
• Nicaragua es el país centroamericano con mayor potencial de desarrollo en el sector agropecuario. Su disponibilidad de aguas, suelos y recursos humanos son suficientes para alcanzar la autosuficiencia alimentaria.
• De acuerdo con el Censo Nacional 2005, 64% de una población de 5.14 millones es afectada por la pobreza.

VI. Las Obligadas Recomendaciones

Es imperativo alcanzar la unidad de la Región en materia de legislación, normas regulatorias e infraestructura tecnológica que priorice los intereses de Mesoamérica, sin dejar de observar los intereses de cada país.
Cada país debe elaborar una agenda temática incluyente de todos los actores a distintos niveles territoriales que pueda derivar en un plan de acción e incidencia bajo la premisa de la unidad Regional.
Las Organizaciones de la Sociedad Civil tienen que buscar las vías más plausibles para hacer que la administración pública asuma su rol protagónico en el diseño de políticas públicas que reviertan el desmontaje del mundo rural.
La consulta y el consenso ciudadano en busca de un modelo agro-productivo adaptado a las costumbres y necesidades del binomio urbano-rural que trascienda intereses sectoriales.
El diseño de un programa económico-financiero nacional que rompa las brechas en la distribución del ingreso y del gasto social rural-urbano.
La ampliación del espectro de alianzas bajo el concepto de mercado justo de las Organizaciones de la Sociedad Civil, contando con el auspicio del gobierno central.
Combatir el analfabetismo en materia alimentaria para discernir entre lo saludable o no a través del sistema de educación formal e informal.
Fortalecer las alianzas externas para detectar las irregularidades contenidas en las etiquetas de los alimentos importados.
Dirigir recursos para la creación de infraestructuras tecnológicas que validen los alimentos exportados e importados bajo normativas de horizontalidad Norte-Sur.

Este trabajo fue presentado por el Lic. José Luis Romero Molina, investigador y coordinador del área de Políticas públicas del CIELAC, en el 2° encuentro de investigadores, organizado por el Departamento de Investigación y Posgrado en noviembre del 2009 en la Universidad Politécnica de Nicaragua.


El narcotráfico en A.L.

El narcotráfico en América Latina: causa común

José Luis Romero Molina*


END - 21:40 - 22/03/2010

Desde diciembre de 2006, cuando el presidente mexicano Felipe Calderón declaró la guerra al narcotráfico, 18 mil personas han sido asesinadas en México en hechos vinculados con la narcoactividad. La cifra de muertes y la actual escalada de violencia que azota ese país muestran la inefectividad de la agenda de políticas públicas implementada por la actual administración mexicana y el financiamiento de un billón de dólares por el gobierno estadounidense para reducir la pandemia.

Sólo en Ciudad Juárez, fronteriza con la ciudad estadounidense de El Paso, se registran, en lo que va de 2010, más de 500 homicidios vinculados con la ola de violencia generada por la narcoactividad; 123 de ellos en los primero 15 días del mes de marzo.

Igual que poderosas corporaciones, los cárteles de la droga en México se han escindido dando lugar a nuevos grupos bien armados y con suficientes recursos para luchar entre ellos y en contra de las estrategias gubernamentales antidrogas; los aproximadamente 40 billones de dólares que anualmente genera el contrabando de drogas hacia Estados Unidos son suficientes para seguir escalando el conflicto.

El discurso pronunciado por el presidente Calderón, en marzo pasado, en la VIII Convención Nacional American Chamber of Commerce of Mexico, muestra una perspectiva de la responsabilidad del gobierno y pueblo de EU en la lucha contra el mercado internacional de armas y drogas, y sus efectos en la región latinoamericana:

…“el crimen organizado representa un desafío, tanto para México, como para los Estados Unidos de América. Nuestras naciones podrán enfrentar este reto sólo a través de la cooperación y del entendimiento”,…”el hecho indiscutible de que Estados Unidos sea el principal mercado de drogas del mundo, de que millones de norteamericanos se dediquen a consumir o a traficar drogas, de que también sea el principal mercado de armas para las organizaciones criminales que operan en ambos lados de la frontera, nos obliga a las autoridades de ambos países a reforzar los mecanismos de cooperación”.

La perspectiva planteada por el gobierno mexicano es valiosa, pero si no es acompañada por una reforma realista de las políticas de drogas en la región latinoamericana seguramente fallará; los 30 últimos años de guerra contra las drogas han surtido efectos limitados, las legislaciones nacionales se han calcado de convenios y organismos internacionales, así como de las políticas prohibicionistas impulsadas desde Estados Unidos, las que tienen antecedentes fehacientes de fracaso (Ley Seca, Chicago, 1920-1932).

La normatividad internacional sobre drogas (Convención Única sobre Estupefacientes de la Organización de las Naciones Unidas de 1961), se ha convertido en un valladar, ya que su eje fundamental es limitar los usos de las drogas controladas a fines médicos y de investigación científica; todos los demás usos deben ser reprimidos y eliminados. Lo anterior implica que los países enfrentan amplias restricciones para experimentar con políticas alternativas que se aproximen a posiciones realistas como la despenalización, legalización y otras opciones que puedan ser exitosas.

En el plano local, el marco legal existente es suficientemente laxo cuando se trata de penalizar el consumo o la tenencia de pequeñas cantidades de sustancias controladas, con penas de seis meses a tres años de privación de libertad. En cuanto al acceso al mercado de drogas, es relativamente fácil conseguir drogas de distinto tipo en las principales ciudades del país y las autoridades policiales se inclinan más por ejercer el modelo de colaboración policía-comunidad que un modelo abiertamente represivo y de “mano dura”.

La declaración de febrero 2009 de la Comisión Latinoamericana sobre Drogas y Democracia, creada por los ex-presidentes Cardoso (Brasil), Zedillo (México) y Gaviria (Colombia), sostiene que la solución de largo plazo pasa por la reducción de la demanda en los países consumidores. Expone como temas claves de la acción represiva, la disminución de la producción y el desmantelamiento de las redes de traficantes, planteando como precondiciones tratar el consumo de drogas como un tema de salud pública y promover su reducción.

El amplio consenso acerca de las amenazas que las drogas representan sobre el tejido social, constituye una enorme ventaja para incidir en los tomadores de decisión, y lograr un diseño de políticas eficaces y acciones adecuadas a nuestras realidades económicas, políticas y culturales.

La apertura de una discusión regional que incluya no solo a los gobiernos sino a amplios sectores sociales se hace improrrogable frente a los hechos. Gobiernos y ciudadanos debemos asumir el reto de acercar posiciones desvinculadas de concepciones ideológicas que entorpezcan un análisis científico de tan complejo problema.


* Investigador y Coordinador del Área de Políticas Públicas del CIELAC-UPOLI.

La representación política

El paradigma asfixiado

José Luis Romero Molina*

END - 22:30 - 11/03/2010

La representación política, entendida como las relaciones que comunican a los ciudadanos con quienes ejercen el poder, ha atravesado en Nicaragua distintas etapas cargadas de negativas influencias exógenas, como las intervenciones militares y políticas de súper potencias económicas, y endógenas a partir de la persistencia de la idea, en las principales fuerzas políticas nacionales, que la política es un excelente e infalible vehículo de enriquecimiento, impunidad y perpetuidad en el poder.

La triádica piramidal que delinea la representación política en un sistema democrático, planteada por algunos teóricos, es suficientemente explícita: en la base la ciudadanía (cuerpo a ser representado y principal actor en tal relación); las fuerzas políticas en el segundo escalón piramidal (entidades designadas para ejercer la representación) y en el vértice, al tratarse de una representación ejecutada por el partido político, se ubica el representante individual o candidato quien se constituye como agente de la representatividad partidaria.

La historia política reciente de Nicaragua no deja dudas de que la funcionalidad piramidal antes descrita sigue siendo una necesidad; baste mencionar la dictadura somocista y su estilo de representatividad política, en donde la escala de selección para optar a cargos políticos y públicos perduró incólume durante los más de cuarenta años de permanencia en el poder: servilismo a toda prueba.

Los cambios operados en el sistema de representación política a partir de la caída de la dictadura (1979) estuvieron salpicados de circunstancias particulares, que a la larga se convirtieron en sus propios obstáculos evolutivos; el sangriento conflicto armado que postergó la apertura de un sistema partidario amplio e inclusivo y la adopción de posiciones ideológicas, por parte del FSLN, demasiado cercanas a los pregonados principios de un marxismo anacrónico en franca decadencia, en donde el principal objetivo fue perpetuarse en el poder .


El fin de la Guerra Fría, la derrota electoral del FSLN y el ascenso del mundo unipolar (global o neoliberal, indistintamente), marcó el inicio de “nuevas ideas” refundadas en la democracia occidental: en política, democracia participativa y descentralización estatal; en economía, el decálogo del llamado Consenso de Washington.

El resultado de la aplicación irrestricta del recetario político-económico no se hizo esperar; el “nuevo modelo”, operado por unas frágiles y espurias coaliciones multipartidarias reducidamente representativas de los intereses ciudadanos, dio continuidad histórica a los errores del pasado a lo largo de tres administraciones; Chamorro (1990), Alemán (1997) y Bolaños (2002): elites dirigentes incapaces de generar institucionalidad y legalidad partidaria, persistencia del concepto Estado-botín y obediencia fiel a los dictados del filibusterismo financiero-monetario internacional.

El fracaso del modelo neoliberal pesó más que la raída credibilidad de Ortega, ello le valió recibir el favor del voto ciudadano en representación del FSLN en condiciones de legitimidad, legalidad y credibilidad sumamente discutibles, pero avaladas por las elites de los partidos contendientes más “representativos”.

El PLC de Alemán modificó el porcentaje de votos necesarios para que Ortega pudiera tejer su triunfo; Montealegre y su (entonces) ALN visitó raudamente a Ortega para felicitarlo por su triunfo cuando aún no se terminaban de contar los votos y una amplia masa ciudadana dio “el beneficio de la duda” a Ortega, ya que esta vez no gobernaría bajo una guerra civil, contaría con unas finanzas públicas relativamente saneadas y planteó una campaña plagada de promesas de “reconciliación” y “tolerancia”, “empleo para todos” e “inversión social”.

La gestión político-partidaria de Ortega ha generado resultados muy endebles en función de reducir la crisis de representación política, lo cual se visibilizó en los entretelones de las elecciones municipales 2008: mecanismos de selección de candidatos de tipo minoritario, es decir por la cúpula o elite partidaria; selección de cuestionados candidatos por actuaciones reñidas con la ética y ampliación de la brecha que separa a la ciudadanía y los candidatos propuestos.

Las fuerzas partidarias deben asumir con responsabilidad su rol histórico frente a la influencia creciente de los medios de comunicación masiva, la centralidad del individualismo consumista y una marcada decadencia de la identidad cultural. La lógica operativa político-partidaria actual debe ser reformada, corresponde a sus líderes encarar con entereza la debilidad estructural de sus instituciones.

El reto está planteado, las fuerzas partidarias, grandes y pequeñas, de hecho ya han reducido su credibilidad e influencia ciudadana a los mínimos permisibles; continuar por este camino sólo garantizará su extinción natural, o bien, empujará a la sociedad a tomar acciones que les anulen y sustituyan.

*Investigador y Coordinador del Área de Políticas Públicas del Cielac-Upoli.

Amnistía en Nicaragua

De amnistías y perdones: otro impúdico episodio

José Luis Romero Molina

Investigador del CIELAC

14:31 - 13/02/2010

Blogs y encuesta
Este artículo fue seleccionado como uno de los tres más leídos y comentados de la semana en el blog ciudadano del Nuevo Diario


“Cuando es más corrupto el estado, hay más leyes.”
Cornelio Tácito



La mafia política nacional parece no cejar en su empeño de querer encerrarnos, a todos los nicaragüenses sin excepción, en el corral donde ellos ejecutan su más sórdida voracidad por detentar el poder. El episodio más reciente está marcado por dos capítulos de una misma trama matrera: la amnistía para el estelar dueto “opositor” Alemán-Montealegre por un lado; y por el otro, el sobreseimiento definitivo dictado por una representante de la “justicia” de los reconocidos usurpadores del erario, Byron Jerez y Esteban Duquestrada; ambos ex funcionarios de la administración Alemán, correspondiendo al primero un sitial en “cuadro de honor” al malversar fondos destinados a las víctimas del huracán Mitch.

El primer capítulo está protagonizado por un elenco “de lujo” extraído de las mismas entrañas de la erróneamente denominada Asamblea Nacional, el que propugna por el perdón definitivo del dúo “opositor”, bajo el principio de “hoy por ti, mañana por mí”.

El segundo capítulo del sainete de marras, aunque carece de autoría intelectual visible, es de amplia especulación pública el nombre del titiritero que mueve el tinglado y cuyo principal objetivo es contar con dos “ases” que con sus testificales puedan acercar a presidio a la disfuncional pareja “opositora”.


El escenario montado para el desenlace se aproxima más bien al reñidero de una gallera (con el respeto que estos nobles emplumados se merecen), en donde los gritos de “voy al pinto” o “voy al colorado” se transfiguran en graznidos exigiendo “cárcel para los ladrones”. Esta exigencia “justiciera” se tiñe de ridiculez al examinar el conglomerado de saltimbanquis que la compone: sicarios del periodismo y tránsfugas políticos.

Lo singular de esta “gallera politiquera” es que de cumplirse la exigencia planteada por estos “justicieros” muy seguramente nos llevaría al borde del caos, o quizás al caos total; el sistema carcelario colapsaría en razón de días (carece de espacio para dar alojamiento a parte de los “justicieros”, a sus amos y a muchos otros que no conocemos), la variedad y amplitud de convictos generaría efectos impensables: cierre de micros y macro financieras, cierre de grandes, pequeñas y medianas empresas.


Lo que sí es cierto, y creo que hay que admitirlo, es que la tragicomedia que a diario presenciamos ya ni siquiera tiene las mínimas luces de bandidencia, carece totalmente de imaginación. Apretar la podredumbre por un lado a sabiendas que puede salir pus por cualquier lado, es el episodio que todos los nicaragüenses conocemos.