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lunes, 12 de noviembre de 2007

El Manifiesto de Santiago



Cumbre por la Amistad e Integración de los Pueblos Iberoamericanos

Los días 8, 9 y 10 de Noviembre, se desarrolló en Santiago de Chile la XVII Cumbre Iberoamericana de los Presidentes. Paralelamente a este importante evento, se realizó un encuentro alternativo que convocó a organizaciones sociales y políticas, excluidas del protocolo oficial del evento, bajo el nombre: "Cumbre por la Amistad e Integración de los Pueblos Iberoamericanos.

Bajo este lema se reunieron organizaciones y personas que luchan por la construcción de un mundo con mayor justicia social, sin discriminación y sin violencia.

Ante un Continente cargado de desigualdades, con una brutal concentración de riquezas en pocas manos, niveles de corrupción que llegan al delirio, y economías que están triturando sistemáticamente nuestro ecosistema y biodiversidad; los asistentes a la Cumbre, quisieron mostrar con su presencia, que es necesario y posible otro mundo, donde quepa la justicia, se respeten los derechos y haya oportunidades para todos y todas.

Los presidentes y delegaciones de Nicaragua, Ecuador, Cuba, Venezuela y Bolivia tuvieron la ocasión de compartir experiencias y presentar sus proyectos emancipadores.

Como resultado de este encuentro; surge el siguiente Manifiesto:

Reunidos en Santiago de Chile, los días 8 y 9 de noviembre de 2007, en el marco de la Cumbre por la amistad e integración de los pueblos iberoamericanos, los representantes de organizaciones sociales, políticas y culturales, de pueblos originarios, entidades académicas, artísticas y ciudadanos en general, hemos debatido, en un marco de pluralismo y respeto, las contradictorias realidades de nuestra región y concordado acciones que permitan avanzar hacia la democratización, unidad, soberanía y autodeterminación de nuestros pueblos y naciones.

EL NUEVO PROTAGONISMO SOCIAL

Constatamos, esperanzados, el resurgimiento de un extendido protagonismo de los movimientos sociales, y fuerzas políticas progresistas cuyas luchas articuladas, cada vez más amplias y persistentes, han influido decisivamente en la elección -en diversos países- de gobernantes afines y sensibles al gran ideario de emancipación, unidad e integración latinoamericana, impulsando procesos de cambio en la región, que valoramos como un avance de gran proyección histórica.

Ya podemos hablar de futuro y diseñar estrategias basadas en la solidaridad y la cooperación de nuestros pueblos, porque tenemos presente y evocamos, hoy, a líderes y movimientos que ayer derrocharon heroísmo y tenacidad inconmensurables. Lo decimos desde Chile, donde la codicia entró con la espada y la cruz para aplastar, después de 300 años, la resistencia ejemplar del pueblo mapuche; a 100 años de la masacre de trabajadores chilenos, peruanos, bolivianos, argentinos y españoles en la Escuela Santa María de Iquique. En este país, donde las empresas transnacionales activaron la maquinaria militar y financiera del imperio para derrocar al Presidente Constitucional Salvador Allende e impedir su proyecto de transformaciones sociales y de unidad latinoamericana; donde las bayonetas sirvieron a la plutocracia y al capital extranjero para entronizar un modelo neoliberal que se traduce en la extrema concentración de la riqueza, la exclusión social y política de las grandes mayorías, donde los poderes fácticos y el gran capital han pasado a controlar la política, los medios de comunicación y la institucionalidad.

La nueva realidad política del continente y sus promisorias perspectivas reconoce una multiplicidad de vertientes sociales, culturales e ideológicas que adoptan originales métodos y estructuras, diversos lenguajes, formas de lucha y propuestas programáticas. En esa diversidad, antitesis del dogmatismo, sectarismo y hegemonismo, radica su fuerza y su legitimidad histórica.

A partir de las demandas por la protección del eco sistema, la defensa de la tierra, los territorios y los derechos de los pueblos originarios, el rechazo a la expoliación y enajenación de nuestros recursos naturales, las reivindicaciones de los trabajadores, el rechazo a la expropiación de los ahorros previsionales, la denuncia de las bases militares estadounidenses en sectores estratégicos del continente, la defensa de los derechos humanos, el fortalecimiento del rol del Estado en los emprendimientos productivos y para garantizar el derecho ciudadano a la Salud, Educación y Vivienda, Trabajo y Previsión, contra la discriminació n de la mujer y los adultos mayores, por los derechos de la juventud y otros sectores avasallados por las políticas neoliberales, los movimientos sociales avanzan hacia propuestas políticas unitarias ante los grandes problemas nacionales y contribuyen a levantar una nueva alternativa que permita a Latinoamérica y el Caribe intervenir con fuerza propia en los candentes problemas que afronta la humanidad.

Por lo mismo es que rechazamos aquellas prácticas que buscan atomizar a las organizaciones sociales subordinándolas como insumo de políticas estatales funcionales que apuntan a perpetuar el modelo económico e institucional.

Los movimientos sociales ya no se conforman con cambios cosméticos sino plantean un rechazo total al actual modelo de dominación económica, política y cultural que implica la comercializació n de todos los ámbitos de la vida pública y personal y el ánimo de lucro como supremo valor de una sociedad que percibe a cada individuo como rival del otro. Lo anterior, en consonancia con la crítica que hacen los pueblos, a nivel mundial, a la globalización depredadora y a la guerra como solución a los problemas de la humanidad.

Por su parte, las fuerzas políticas que buscan alternativas al sistema imperante, tienen el desafío de encontrar nuevas formas de interlocución y complementació n con las luchas sociales, en el entendido que ambas esferas se retroalimentan y se necesitan.

UNA INTEGRACIÓN DESDE LOS PUEBLOS Y PARA LOS PUEBLOS

Entendemos la integración regional como un proceso de enriquecimiento mutuo, de potenciamiento de nuestras fortalezas, de nuestra capacidad de intercomunicació n con el mundo, partiendo del reconocimiento del ser humano a cuyo bienestar y felicidad deben subordinarse todas las políticas públicas.

En la forja del futuro de América Latina y el Caribe, podemos construir ciudadanía con lo mejor de cada pueblo y cultura que la compone. Su integración debe darse desde la misma base social, partiendo de las siguientes premisas esenciales:

  • La recuperación de los recursos naturales, mineros, hídricos, pesqueros, forestales y energéticos; la reforma agraria y la soberanía alimentaria como procesos que salvaguarden la participación y los intereses de los pueblos y naciones.
  • La integración energética en armonía con el medio ambiente.
  • Los acuerdos de integración económica deben poner el acento en las múltiples formas de economía solidaria, protegiendo el rol de la micro, pequeña y mediana empresa.
  • Este proceso admite múltiples modalidades institucionales en el ámbito sectorial y territorial, con diversos grados según la realidad de cada región. En tal sentido, apoyamos el surgimiento de instrumentos tales como el ALBA, Banco del Sur y otros, que son expresión de la voluntad integradora de nuestros pueblos.
  • La lucha democrática debe fortalecer los procesos constituyentes y la creación de una nueva institucionalidad que considere el rol protagónico del movimiento sindical, de los trabajadores de la ciudad y del campo, de los pueblos indígenas originarios y del conjunto de las fuerzas sociales. En ese contexto, saludamos la aprobación, por parte de las Naciones Unidas, de la Declaración Internacional sobre los derechos de los pueblos indígenas.
  • El desmantelamiento de los mecanismos de opresión que conjugan edad, clase, sexo, género y etnia.
  • La activa solidaridad con los pueblos y gobiernos que construyen caminos alternativos al capitalismo neoliberal. En este sentido, denunciamos al gobierno de Estados Unidos por su constante satanización y criminalizació n de las luchas sociales y sus actividades de agresión y hostigamiento a los gobiernos que adoptan el rumbo de la emancipación popular
  • El respeto y reconocimiento a las culturas y autonomías de las comunidades originarias.
  • La resolución de los conflictos históricos entre las naciones, la reducción de los presupuestos bélicos, el desarme proporcional y progresivo en todos los países de la región para reorientar estos recursos a las necesidades de salud y educación.

  • El libre tránsito de las personas y sus derechos migratorios.

Nuestros pueblos están en capacidad de unirse a pesar de la diversidad geográfica, étnica, cultural y política, para imaginar y construir otras soluciones para este único mundo. Sabemos que esta lucha se enfrenta a enemigos carentes de escrúpulos, cuya voracidad y hegemonismo han significado enormes tragedias para nuestros pueblos. Aún así, tenemos fe en la justicia de nuestros postulados y nos hacemos cargo de las grandes epopeyas que a lo largo de cinco siglos nos han permitido avanzar hacia la condición de pueblos dignos, sujetos de nuestra propia historia.

martes, 23 de octubre de 2007

El pensamiento de Nuestra América I


AMÉRICA: RAZA INDÓMITA


“No las damas, amor, no gentilezas de caballeros enamorados, ni las muestras, regalos y ternezas de amorosos afectos y cuidados; mas el valor, los hechos, las proezas de aquellos españoles esforzados que a la cerviz de Arauco no domada pusieron duro yugo por la espada” (Fragmento del Poema “La Araucana” de Alonso de Ercilla y Zuñiga)

José Martí ese gran visionario latinoamericanista instalado en el bronce y en el corazón de nuestra América, llegó a decir que si la guerra mayor que se nos hacía era de pensamiento, había que ganarla con el pensamiento.

El pecado capital inconfeso de la civilización Occidental, ha sido su absolutismo y su incapacidad para distinguir las diferencias del otro. La presencia avasalladora del conquistador español en el llamado “nuevo mundo”, vino a significar, en todo el proceso del coloniaje cultural y extendido hasta nuestros días, que América sea negada y asesinada en nombre de la razón. La razón instrumental impuesta por Europa, como un logos de luz y civilización, vino a exorcizar el mito en la cultura ancestral de nuestros pueblos originarios, considerándolo “historia falsa”, o “fábula”, desconociendo que éste, en su función cosmogónica y antropogónica instauradora, constituía la síntesis de su experiencia y sabiduría, a la vez que el fundamento primordial de la historia.

Comparto lo que dice Adolfo Colombre, que en cierto modo la civilización occidental ha fracasado en América y el resto del mundo, no sólo por su incapacidad de asumir lo diferente, sino por haberse convertido, como lo afirma Bonfil Batalla; en una espléndida constructora de desiertos y un eficiente agente de destrucción de la vida de la tierra, el aire y el agua (Colombres, 2004:15). En la ultra modernidad, esta cruel realidad se ha visto potenciada por el fenómeno globalizador y la seducción del mercado a las corporaciones transnacionales y su enamoramiento de los mercados periféricos. En las postrimerías del siglo XIX se había sellado la suerte de América por parte de las clases dominante y la elite intelectual, convencidos que el destino de ésta era Occidente. Esto propició y favorecido el abandono del proyecto de América como una civilización con vida propia. Tal empresa y tal desafío, implicaba la alienación en lo simbólico y como tal el alejamiento de los valores culturales propios. Al respecto, el escritor argentino Jorge Luís Borges, de educación europeizante dice: “nuestra tradición es toda la cultura occidental y que tenemos tanto derecho a ella como cualquier otro país europeo, pueden tener como principal misión innovar en la cultura europea, manejar todos sus temas sin supersticiones”(Columbres, 2004:12). Frente a esta visión eurocentrista y periférica de América ¿Acaso las tradiciones ancestrales de nuestros pueblos originarios no cuenta? ¿La sabiduría acumulada, reflejada y expresada en sus mitos no puede comunicarnos nada de la realidad?

América también tiene pecados inconfesos, y estos pecados tienen que ver con la miopía cultural que nos empaña. Hemos querido ver siempre con los ojos del conquistador, negando la plenitud de nuestra historia. El pensador mexicano Leopoldo Zea, destacaba que América aún no ha hecho su propia historia, sino que ha pretendido vivir la historia de la cultura europea, como un eco, como su sombra. (Zea, 1953) Lo peor del caso es que un amplio sector de la intelectualidad latinoamericana está en sintonía con esta actitud mimética; quemando sus naves en el muelle; como dice Colombre: “un pueblo que deserta de su cultura y su destino deja de participar en la cultura del mundo pues otros hablan por él”. (Colombres, 2004:18)

Las expresiones vertidas hace unos días por el historiador nicargüense Aldo Días Lacayo, respecto de un reclamo ético y un juicio histórico a la invasión española y el genocidio indígena, han sido asumidos con un gesto concreto, en las disposiciones emanadas del Ministerio de Educación de Nicaragua (MINED) para modificar en el sistema educacional nicaragüense, la efeméride del día de la hispanidad, por el Día de la Resistencia Indígena”. Me parece un gesto loable y consecuente con nuestra historia de permanente sometimiento y resistencia, será una actitud que nos llevará no a celebrar, sino a reivindicar y revivir la memoria ancestral de nuestros pueblos originarios y a recuperar nuestra identidad cultural latinoamericana., desplazada a la periferia y muchas veces caricaturizada.

Muchas de las políticas de los Estados nacionales en América Latina, conservan la idea de conformar sociedades nacionales homogéneas, considerando la presencia indígena y afro americana como un obstáculo para el desarrollo, por lo tanto son negadas y confinadas a su propia suerte. El concepto de cultura dominante resulta ser intolerante, simplista y hasta fundamentalista en muchos casos; en que el eurocentrismo y logoscentrismo, ha inducido a creer que los valores culturales se reducen a demostraciones folklóricas, reproduciendo bailes y coreografía que reflejan sumisión y no una racionalidad diferente, la del “otro”, la que puede construir su propio camino. Cultura es sinónimo de pluralidad, de otredad, es respeto por la identidad del otro que es diferente, y no por ello objeto de dominación, por esta razón se debe asumir un criterio etnológico que asimile el concepto de cultura al de matriz simbólica que nos permita identificar y reconocer las características multiétnicas de nuestros pueblos. Los datos antropológico acerca de la multiculturalidad y plurietnicidad de América, sostiene que en ella existen más de mil culturas o matrices simbólicas; entre las que se hayan la indígena, las criollas campesinas, las afroamericanas y sus variantes afrocaribeñas, las populares urbanas, las regionales rurales y las culturas ilustradas desplazadas por el continente. Se hace imperioso que en esta multitud de matrices simbólicas, se establezca un eje sobre el cual se articulen y se unan las identidades, bajo una idea de cultura que trascienda las diferencias y se comparta una historia común con sus diversas lenguas y tradiciones.

Bonfil Batalla, planeta la tesis que “el proyecto civilizatorio de América y sus pueblos indígenas trasciende las particularidades concretas de cada cultura, viéndolas en su conjunto y como un proyecto distinto, así como entender la continuidad milenaria de la civilización amerindia. Los préstamos y transformaciones habían cambiado el rostro de esas culturas pero que la matriz civilizatoria permanecía. Nada impide, construir un proyecto alternativo que nos permitiera ver a la civilización occidental desde la perspectiva de nuestra propia civilización original” (Bonfil, 1987:235). A la par Martí decía: “el mismo golpe que paralizó al indio paralizó a América, y que mientras éste no echase a andar de nuevo tampoco América andará bien.

La crisis de las sociedades modernas es antes que nada cultural, es preciso tomar conciencia de esto y remediar este mal. Occidente ha realizado ya la suma de sus posibilidades, como civilización se ha anquilosado y cual árbol gigante no tiene hojas ni savia. Césaire, al hablar en nombre de los millones de hombres arrancados de sus dioses, de sus hogares, de sus tradiciones y hábitos, e incluso de su historia para pasar a ser la carne de cañón de otros procesos, de otras aventuras; dice que la civilización que utiliza el imperio de la fuerza para justificar su colonización, es ya una civilización enferma. (Césaire, 1955) América, con toda su riqueza cultural, con sus más variadas tradiciones, y con su matriz simbólica, nos plantea el gran desafío de redescubrirla, como un proyecto civilizatorio emergente, alternativo y con la voluntad explícita de alejarse de los modelos ajenos. América, a pesar de la invasión española y atrocidades del genocidio, resistió, cuál raza indómita.

Guillermo Gómez Santibáñez
Director del CIELAC UPOLI

Cielac@upoli.edu.ni

jueves, 16 de agosto de 2007

Nicaragua y la reforma de la Educación


ARRIBA LA EDUCACION

Guillermo Gómez S.

“Un pueblo instruido será siempre fuerte y libre”

José Martí


La educación es una de las principales fuentes de bienestar en la sociedad, por cuanto es un factor fundamental en el desarrollo social y económico de un país. Los países que invierten en educación, garantizan de ante mano su propio desarrollo y progreso a mediano y a largo plazo.

En tanto asumió el poder el Gobierno del Presidente Daniel Ortega, uno de los temas de su agenda programática fue la revisión del programa nacional de educación, como una cuestión de prioridad. El Ministro de Educación Miguel de Castilla, puso su especial acento, -más allá de un ordenamiento institucional y administrativo de su cartera ministerial-, en una cuestión de fondo: el proceso de reforma a la educación a través de una consulta nacional, poniendo en manos de amplios sectores de la sociedad el “Currículo de la Educación Básica y Media”. La intención es posibilitar estrategias amplias de democratización y participación de los diversos sectores de la sociedad, con miras a retroalimentar la propuesta de un nuevo diseño curricular del sistema educativo nicaragüense, y que permita a su vez, potenciar y privilegiar una educación integral, basada en un modelo educativo por competencia y acorde con los desafíos y demandas del mundo globalizado.

Lo positivo

Una consulta sobre el quehacer educativo que involucre a amplios sectores de la sociedad, implica la búsqueda de consensos básicos entre todos los actores sociales, respecto a los factores cuantitativos y cualitativos del proceso educacional nicaragüense. Por otro lado, una consulta de esta naturaleza y de tal relevancia, contribuye necesariamente a desarrollar una conciencia en el país, acerca de las serias deficiencias, y el desmejoramiento sistemático que ha sufrido la educación en los últimos dieciséis años.

La imperiosa y urgente necesidad, que el sistema educativo nicaragüense experimente una transformación curricular, no brota de un deseo antojadizo e irreflexivo de un educador de basta experiencia como lo es el actual Ministro de Educación, ni de un gobierno que desea retomar viejos alientos y anhelos incumplidos; sino de una indesmentible realidad que apremia y golpea de frente a las nuevas generaciones que se forman en el sistema educativo de nuestro país; con flojos resultado de aprendizaje; contenidos desactualizados y sin correspondencia con una sociedad que ha venido experimentando de manera vertiginosa, cambios sustantivos y nuevas exigencias para la educación. Este proceso transformador reclama consecuentemente la actualización de contenidos, la capacitación y competencia especializada del magisterio en los diversos niveles, así como una aportación sustantiva de los nuevos procesos cognitivos, pedagógico y metodológicos, tendentes a mejorar y hacer más eficiente el aprendizaje de los educandos.

La metodología de trabajo que propicia la modificación del currículo, tiene una cobertura democrática y participativa que pretende recoger las opiniones a nivel externo, mediante foros, encuentros y consultas populares, no sólo de organismos especializados y personas competentes en el tema educacional, sino del ciudadano común mediante los “cabildos curriculares”. A nivel interno se desarrollará un seguimiento sistemático, supervisando y asesorando la implementación del nuevo currículo en los centros educativos, seleccionados para el plan piloto. Esta iniciativa refleja que el tema de la educación no sólo es un asunto de expertos, sino algo que requiere del involucramiento de docentes, padres de familia, estudiantes e instituciones no gubernamentales.

Dentro de los elementos importantes del nuevo currículo, es recuperar el perfil humanístico del sistema educativo y en este sentido, el Ministro de Castilla, ha dado una excelente noticia al afirmar que regresan a las aulas asignaturas como filosofía, economía y sociología, ciencias que fueron proscritas por un currículo con un perfil más técnico y mercantilista de la educación y acrítica frente a la ideología neoliberal.

Existen tres razones de peso que impulsan justificadamente al MINED a realizar este esfuerzo sin precedentes: Primero, el modelo verticalista, bancario y racionalista de la enseñanza tradicional pone en desventaja a los estudiantes frente a los desafíos y demandas del mundo universitario y laboral. Segundo, la revolución científica, tecnológica y comunicacional de proporciones globales, deja al estudiante sin acceso a nuevas tecnologías y conocimientos, y lo atrapa en un sistema educativo tradicional de enfoque conductista, sin posibilidades de nuevos procedimientos metodológicos, que propicien un aprendizaje comprensivo, crítico, investigativo y permanente. Tercero, el binomio educación y desarrollo es central y fundamental en un sistema educativo, por cuanto los ciudadanos no son seres aislado de una sociedad, sino parte constitutiva de ésta, y en tanto las personas se educan y preparan para la vida, contribuirán al desarrollo del país y al forjamiento de una sociedad mejor.

La transformación curricular en el programa de educación nacional, pretende la modernización, pero fundamentalmente la equidad y la calidad

Lo negativo

Sería muy lamentable que los organismos e instituciones convocados a esta consulta nacional de Educación, descuidaran esta importante oportunidad de participar en este proceso de reforma, pues tenemos una coyuntura histórica propicia para mejorar el sistema educativo en Nicaragua. En general en América Latina la calidad de la educación es un desafío de primer orden, porque se conserva intacto un sistema económico altamente excluyente y fuente de profundas desigualdades sociales. En virtud de este ensombrecedor panorama, el gobierno del presidente Ortega ha dado un voto de confianza al Ministerio de educación, a fin de provocar los cambios que sean necesario para revertir una histórica situación de deterioro de la educación en Nicaragua, y en la que se hace evidente la baja calidad, la disminución del gasto público y de los presupuestos de educación, la precarización de las condiciones de trabajo de los profesionales de la educación y el estancamiento o poco avance del acceso a la educación. Se constata un retroceso que amplia la brecha entre situación vigente y las metas del gobierno y de los organismos internacionales interesado en mejorar la calidad de la educación en la región.

El déficit latino-americano nos muestra el precario desarrollo de la educación, sin alcanzar todavía la alfabetización completa de las personas adultas y el acceso general de niñas, niños y jóvenes en el sistema escolar hasta la educación superior. América Latina se inserta obligatoriamente en el modelo de globalización neoliberal enfrentando un déficit del 10 % de analfabetismo y un 40% solamente en escolaridad básica, sin contar la educación superior en donde la brecha es mucho más grande en relación con otras regiones y continentes.

Nicaragua está dando un significativo salto con esta consulta nacional, es el primer paso y está bien dado. Los legisladores no puede soslayar este esfuerzo al momento de establecer su agenda de prioridades y cuando se trate de incrementar el presupuesto para la educación. Todo este plan de educación, y su implementación, sumados el esfuerzos de una amplia mayoría interesada en mejorar la calidad de la educación en Nicaragua, será imposible sin los recursos adecuados, sin la infraestructura necesaria y sin el incentivo salarial a los maestros para que mejoren su calidad de vida.

Sería contraproducente que la reforma educativa se restringiera sólo al sistema escolar oficial con el objeto de modificarlo por un mero interés ideológico. Es necesario prestarle verdadera atención a la demanda educativa con su problemática y reales necesidades. Por otro lado la reforma educativa debe poner en agenda abierta el rol de la educación privada donde de igual modo se requiere una revisión y el mejoramiento de su deficiente calidad. Se debe evitar la dicotomía y el estereotipo al instalar la idea de que la educación pública es mala y la privada es buena.

Finalmente, una educación centrada en el alumno y alumna, exige maestros y maestras con verdadera vocación, capaces de encontrar en el arte de enseñar el placer de formar personas, transmitir valores, formar conciencias y cambiar actitudes y no el simple acto de transmitir un conocimiento. ¡Arriba la Educación!

cielac@upoli.edu.ni

martes, 14 de agosto de 2007

Roig y la construcción de un sujeto latinoamericano


La construcción de un sujeto latinoamericano
Arturo Andrés Roig, su aporte valórico-pedagógico
[1]


Sergio Romero González


Entre los 60 y 70 se levantó con fuerza en Latinoamérica la idea de un pensar filosófico identitario. Tal movimiento estaba en coincidencia con el alza de la actividad política revolucionaria que en todo el sur efervescía. Esta filosofía se declaraba no complaciente, crítica, compartiendo y acompañando el ascenso de las luchas populares. En gran medida asumía el carácter de una “filosofía de la liberación” que entre su programa reclamaba la construcción de una sola patria latinoamericana[2], considerándose en términos generales “herramienta constante en la búsqueda de definiciones de nuestras realidades nacionales y sociales ” y en términos específicos, una filosofía que “tiene como punto de partida la afirmación de un sujeto plural, concreto, histórico, que parte del auto y héteroreconocimiento de la dignidad humana como principio y que intenta conocerse así mismo en sus modos de objetivación y, por tanto, de autenticidad y de alienación” .

Treinta y tantos años después, los medios, con otro sesgo y en un contexto inimaginable para la pretérita época señalada, traen noticias contradictorias al respecto. La llamada globalización nos obliga a mirar movimientos de inmigrantes y borroneas de fronteras[3], las que disuelven su concretud para dar paso a metaespacios, redes que conviven con grandes y reales bolsones de atraso y miseria. Pero también bajo esta impresión, la de vivir una época radicalmente no homogénea, es que de una manera mas confusa, con una fe mas económica y menos utópica se remueve el fantasma de la integración. Alrededor de ese contexto es que pretendemos mostrar el aporte de la filosofía de Arturo Andrés Roig, en la cual vemos coimplicados la idea de construcción de una subjetividad propia con el compromiso por lograrlo: la continuidad crítica del proyecto moderno con la participación de una filosofía, que fuera de toda inocencia, opta por un compromiso que la trasciende en cuanto mero quehacer intelectual. En esta relación es que nosotros nos hemos planteado resaltar lo que llamamos implicancias valórico-pedagógicas en términos de una conceptualización que cree poseer aún un espacio legítimo y valedero.

Dignidad humana y repliegue

La filosofía de Roig guarda una fuerza eminentemente testimonial, encontrando sus referentes en algunos exponentes latinoamericanistas tales como Martí, Bolívar y otros. Héroes que desde el pasado nos hablan de un sueño futuro. Tal presencia, junto a la de miles de anónimos seres humanos del continente, han configurado con su vivir una “moral de la emergencia”, cuya idea reguladora y necesidad primera es la “dignidad humana”, fundada ésta en cuatro principios cuyos referentes se hayan en la filosofía y la literatura de occidente: “ 1. Principio de perseverancia en el ser o principio conativo (a-priori ontológico): Spinoza; 2. Principio de auto y heteroreconocimiento (a-priori antropológico): Hegel; 3. Principio de la naturaleza intrínseca del valor del ser humano (a-priori ético-axiológico): Kant-Marx; 4. Principio del "duro trabajo" de la subjetividad o de la emergencia de los oprimidos (a-priori ético-político): Antígona (Sofocles), Calibán (Shakespeare).”[4]. La “moral de la emergencia” constituye un fondo de referencia antropológica particular y colectiva ejemplar en tanto construcción de un tipo de sujeto. Es posible por lo tanto a partir de lo anterior, diseñar una idea de ser humano. Tal posibilidad ha estado presente en forma no sistemática pero siempre incluida en el transcurso de las luchas de liberación latinoamericanas. No obstante, frente a la derrota que estas luchas han sufrido a nivel continental, llevado además por el talante posmoderno relativo a la caída de los metarelatos, su fondo valórico se difumina, pasado a llevar por la promoción y la práctica de nuevas actitudes que tienden a impregnar el diario vivir: racionalidades utilitaristas, competitividad, búsqueda del éxito individual y otras. Una nueva lectura, de talante nihilista, junto a una nueva situación social y política: el neoliberalismo, desestabilizan las condiciones que permitían pensar y actuar desde los anteriores supuestos.

Estamos pues, frente a una situación de inflexión que desde la perspectiva del pensamiento nos preocupa. Una situación contraria respecto de lo que había sido tradicional en una circunstancia articulada por nexos colectivos de solidaridad. El frenético tener por sobre el ser, el lucrar a como de lugar, el consumir como actividad compulsiva, la diversión fácil, el entretenimiento espectacular y el talante superficial. En el plano político y social, la ausencia de interés por la vida democrática, la prescindencia de los ciudadanos, considerados solo en su rol de electores, más otras situaciones similares, indican una caída en la calidad y la dignidad de la vida cotidiano-ciudadana.

Es en las condiciones anteriormente señaladas que se nos hace necesario recoger referentes teórico- prácticos como el de la filosofía citada, para reimaginar o retomar posibilidades de un pensar y actuar alternativo. La filosofía de Roig, sedimentada en una tradición histórico popular por ahora en repliegue, parece significativa para constituir un aporte de carácter valórico pedagógico. Se trata de extraer desde sus páginas implicancias para contribuir al diseño práctico de la figura de un sujeto que no solo persevere en el ser y en su autovaloración, sino que además y esta -sería la nota verdaderamente humana- se constituya en el reconocerse a sí y a los otros.

Testimonios y construcción de la subjetividad

En la obra de Roig Ética del poder y moralidad de la protesta: La moral latinoamericana de la emergencia, su segunda parte lleva el nombre de “Testimonios”. Pondremos ahí nuestra mirada para extraer algunos lineamientos que nos conduzcan a lo que hemos llamado “implicancias valórico pedagógicas”.

Hiparquia, el desmontaje del estereotipo.

El contexto en el cual nos establecemos para lo anterior, es una realidad que presenta muchos rostros, principalmente el de la marginación y sujeción social y política. Roig interviene con motivo del día universal de la mujer[5] denunciando “las formas diversas de disminución de la persona femenina, de separación y por cierto de explotación”. Arturo Andrés Roig no sólo denuncia. Además plantea “la necesidad de desmontar estereotipos” confrontando “una literatura de siglos”.

Nuestro autor confronta la imagen de la marginación femenina con una figura de la antigüedad clásica: Hiparquia, quien por sobre los prejuicios sociales de la época, se integró a la escuela filosófica de los cínicos, vistiendo el sucio mantón que acostumbraban a usar en la secta, por encima de las convenciones y revirtiendo la situación que hacía inconcebible la participación femenina en escuela de ciencia alguna. Su tiempo – que debería haber entregado al telar – se convierte en voluntad rupturista en la medida que lo desplaza a un ámbito particularmente masculino. Según el relato de Diógenes Laercio, Vidas, opiniones y sentencias de varones ilustres, un filósofo -voz del discurso excluyente- reprueba a Hiparquia el no dedicarse a labores propias de mujer. La respuesta de Hiparquia denota una afirmación de sí misma y desemboca en contrapregunta[6] cuestionando el sentido prioritario del uso del tiempo dado por la sociedad de su época.

Lo dicho por Hiparquia - pequeño manifiesto contra la marginación privada hogareña - cumple aquí el objetivo de afirmar el poder de preferir como dignidad personal. La misma lógica del discurso dominador, se pone en evidencia en cuanto a su debilidad. Junto a esto, el tiempo, aquello que se nos va, se torna categorialmente ético, en esta opción“vale la pena perderlo”.

Hiparquia, contra lo “natural”, ha decidido otro camino. No es una cuestión fácil; más bien se trata de una provocación en contra del pensamiento dominante de su época. Así también la circunstancia de esta figura femenina alcanza carácter universal, pues siendo central en la intención de Roig, representa no solo los millones de mujeres que sufren marginación, sino también a los millones de hombres que se consumen en la pérdida alienada de sus propias vidas. Así la figura femenina de la solitaria Hiparquia trasciende a la humanidad.

“Ser el que se es” con, entre y por los demás.

Desde nuestro continente, nos habla el general José de San Martín. Roig resalta de él una máxima: “serás lo que hay que ser si no, eres nada”.

El dicho de San Martín, se asimila al “conócete a ti mismo” de Sócrates o al “deviene el que eres” de Píndaro. Sin embargo, sin alejarse de la tradición occidental ni negar su influencia, en lo dicho por el General San Martín hay un tinte propio de su época. También podemos recordar a Kant y su imperativo categórico. Sin embargo, ¿qué ve Roig en las palabras citadas? ¿Qué hay “detrás”?. Indica Roig: “Nada menos que la dignidad humana”. Pero no se trata acá de la afirmación individualista que sólo se considera a sí misma. Dignidad humana es la de todos.

El imperativo comentado junto con su aspecto moral según Roig, también señala un carácter cultural. Sobre esto afirma: “sabemos que la cultura en general, puede ser definida como un acto permanente y hasta necesario de nosotros mismos”. Para llegar a ser lo que hay que ser, la humanidad debe salir de si construyéndose por sí misma. Es en esta orientación que Roig plantea una preocupación principal para “nuestra filosofía”: “Ella ha de ocuparse, precisamente, de los modos de objetivación y desde allí adentrarse en lo que es o ha sido ese ser humano que quedó expresado en su obra. ¿De qué manera dio forma al conjunto de valores que pretendió poner en juego? Porque esa tarea de objetivación, cuando alcanza un grado elevado de conciencia social no es ajeno a un deber ser, que más allá de su dinamicidad y conflictividad se encuentra siempre presente.”. “Ser el que hay que ser” sobrepasa el simple carácter individual, indica un mundo común en el que reside el deber ser. La citada máxima, impulsando “nuestra conducta moral, como nuestra práctica en función de la cual somos obreros de la cultura” requiere idealmente que imperativo ético e imperativo de cultura marchen juntos.

Así tenemos que el imperativo citado, nos lleva, desde la objetivación, a lo subjetivo, en cuanto a que su cumplimiento requiere entrega a la obra de vida y para eso es necesaria “sobre todo, una vida de entrega”. El fundamento del imperativo sanmartiniano resulta pues de un “apreciarse como valioso” y su medida, el valor de “hacerse” o construirse concretamente como tal. Digamos para precisar que tal hecho, como podemos ver, inversamente no implica una individualidad centrada exclusivamente en sí misma. El principio Martiniano “ser el que se es” se concretiza “con” los demás,” entre” los demás y “por” los demás.

Mundo objetivo v/s subjetividad popular o eticidad v/s moralidad

Roig considera fundamental para nuestro mundo latinoamericano, los aspectos disruptivos de nuestra historia. Siguiendo esta línea queremos focalizarnos en su mención de Martí[7]. Apoyado en el “apóstol” caribeño rescata el concepto de “hombre natural”: el que irrumpe “en medio de una sociedad opresora”, con indignación y fuerza, y – como dice Martí metafóricamente - derribando la justicia de los libros. Roig cree ver que en este modelo humano se representa “la historia de las luchas de los pueblos latinoamericanos por su liberación”. Manifestación de la tarea de constitución de sujetos “constructores de una entidad en la que nuestros pueblos se sientan expresados como agentes históricos”, es decir, sujetos de derecho.

Con el fin de profundizar en el sentido que se quiere evidenciar, Roig propone examinar la relación moralidad-eticidad. Ambas se presentan en un universo conflictivo que expresa la historia latinoamericana. Es éste el que genera la aparición del “hombre natural” en cuanto “agente histórico” que desde la moralidad denuncia y rechaza las condiciones de una eticidad dominante que se pretende universal a partir de un sustento de injusticia. Se trata de una “contraposición entre una ética del poder y una moralidad de la protesta, entre un mundo objetivo construido por los amos y un mundo de la subjetividad popular que tiene como impulso las necesidades indispensables para el cumplimiento de un valor no realizado, en este caso, el de “la vida humana” y su riqueza”. Sin embargo, la satisfacción del valor señalado solamente podrá alcanzarse cuando la “necesidad humana” se exprese en “su más elevado objeto que es siempre otro ser humano considerado como fin y no como medio”.

Ante la pregunta ¿qué somos?, Roig señala que Martí responde por una pluralidad que expresa lo telúrico y lo sagrado, mas no se reduce tan solo a ello, puesto que al ser natural le viene su ser en el ejercicio propio de su historicidad. Frente al hombre natural está el dominador. Un conjunto simbólico cuya centralidad tiene que ver con la escritura de la justicia fijada y acumulada. La escritura se nos presenta así como un código frío y sin vida. Se trata de una “Contraposición evidente, en este caso, entre el habla coloquial del lenguaje campesino, expresión no perversamente mediatizada de una vida que sentimos como espontánea, frente al metalenguaje de los redentores bibliógenos, nacidos de los libros y productores de libros con los que pretenden justificar los códigos impuestos a la población latinoamericana por quienes han ido heredando el ejercicio de un poder injusto y, con el, la construcción de una eticidad de ese poder, a lo largo de los quinientos años de nuestra actual cultura”.

El saber como ejercicio de liberación

Roig rescata desde “los años crueles” – la historia reciente de Argentina y Latinoamérica - las circunstancias que a pesar de todo permitirían ver un impulso para el enriquecimiento de la subjetividad latinoamericana. En Palabras de regreso[8] y respecto de la situación de la universidad y la filosofía haciendo un “ejercicio del recuerdo” plantea la necesidad de “reestablecer con toda su majestad esa maltrecha justicia”, además de rechazar el arrinconamiento del saber y su cultivo: el agravio ocurrido contra la academia en cuanto al “clima de libertad y respeto sin la cual no hay avance en el saber”.

Siguiendo el curso de su reflexión, indica Roig específicamente para la filosofía, que esta tiene una tarea a partir de la relación con la libertad que viene desde sus orígenes diciendo: “que el ejercicio de esa libertad, que en filosofía es la puesta en marcha de una praxis teórica responsable por eso mismo crítica, sea un hecho. Sin este requisito no solamente no habrá filosofía, sino que no habrá institución universitaria”.

Vemos pues, que el papel de la filosofía está marcado por un ejercicio de libertad y este se manifiesta en una praxis teórica responsable. Tales características –que no pertenecen tan sólo a la filosofía, sino que se hacen necesarios a las demás formas del saber- son focalizadas por Roig en la filosofía como un carácter ejemplar en cuanto ejercicio de liberación. Referido a esto, nuestro autor comienza por tratar la separación meramente ideológica de teoría y praxis. Caso contrario, se arriesga a que “no pueda alcanzar su plenitud sin ser a la vez un “quehacer práctico” ”. Roig nos dice: “El filosofo o quien se precie de serlo o humildemente quiera serlo, deberá regresar al ágora, deberá reincorporarse valientemente a la ciudad” es decir, se nos habla acá de una “responsabilidad social y política”. Podríamos decir que Roig señala para la filosofía, no la búsqueda de un “mundo de sentido”, sino del “sentido del mundo”.

Con el miedo como escenario, la educación se torna vertical y formalista, guiada por los “guardianes del orden”. Sin embargo, es interesante observar el mecanismo de los reprimidos: “el reprimido le hace el juego al represor, en la medida en que se convierte, paradojalmente, en represor de sí mismo”. He ahí que la tarea de la liberación incluye también el “ámbito humano de cada uno”. Se tratará de desalojar el miedo personal, “la autorrepresión, la autolimitación, la renuncia”, tarea no fácil, puesto que el miedo hecho carne se instala de manera no conciente, por lo cual se hace necesario lo que Roig llama “un autoanálisis, que no será de una enfermedad individual, ni de la conciencia en cuanto conciencia moral”. Esta actitud tendrá que ser dialogal y crítica. Dialogal por el carácter social de quienes participan en ella y crítica en cuanto a tener como objeto la revisión de la racionalidad vigente. A la manera de Bacon, Roig llama a “desmontar ídolos”. Con esto se refiere fundamentalmente a la fuente de la irracionalidad: el miedo. Así la filosofía tiene un papel fundamental en esta tarea en cuanto “saber de sospecha y de denuncia, de sospecha en la maldad y denuncia en la perversidad”. Para esto ha de tratarse de un filosofar que salga de la universidad y que converse con aquellos aparentemente ajenos al quehacer señalado.

Desprendimiento, responsabilidad y compromiso

Lo antes señalado para la filosofía y la universidad, se funda en el valor de la responsabilidad individual y social, asuntos que Roig ve clarificados en el pensamiento de Sartre. Dos aspectos gravitan alrededor: primero, referido al sujeto mismo: si acaso se quiere ser real y plenamente responsable y segundo, referido a las condiciones externas: si acaso es posible en pleno, asumir la realidad de la responsabilidad.

Desde Sartre, se responde afirmativamente, clarificando a partir de dos fundamentos: la afirmación de “la prioridad de la existencia respecto de la esencia” y la denuncia respecto de “la tradición occidental en cuanto ella ha sido construida sobre un desplazamiento de la existencia”. Tales hechos están en relación con el terror de la contingencia, a partir del cual se construyen formas esencialistas para salvar la dificultad negando el campo de los valores de la existencia espontánea obstruyendo el despliegue del “constitutivo primario del ser humano”.

La situación descrita anteriormente nos ha llevado a una consecuencia: la reducción del “margen de creatividad, de juego pleno de humanidad”, los riesgos están domesticados. Consecuentemente, la responsabilidad en cierto modo se congela, se reduce a la práctica de fórmulas. Uno de los méritos de Sartre - al cual Roig señala como propietario de un “esfuerzo heroico” – ha sido el de desnudar la condición humana, mostrar a la intemperie la existencia en cuanto a priori por sobre la regularidad de un discurso osificador de ésta. Esto último, Sartre lo emprende desde el sujeto y su existencia. El filósofo francés llama a la “inmersión en la contingencia”. Tarea que Roig ve como un “dejarnos enfrentados a nosotros mismos”.

Sartre, dice Roig, propone “desprendernos de las armazones heredadas, de la “naturaleza humana” como un molde sobre los que se mide a los seres de carne y hueso, de lo establecido en cuanto pretendido “deber ser” desde el que se juegan una responsabilidad y un compromiso regulados por condiciones y normas externas”. Prosigue Roig: “si tal desprendimiento (dégagement) fuera posible – de hecho Sartre lo pone como condición de su sistema – nos encontraríamos ante la contingencia pura y nuestro juego de libertad sería radical. Únicamente desde aquel “desprendimiento” es posible un auténtico “compromiso” (engagement).”

Un proyecto de identidad.

“Y si la dictadura militar, en nombre del Estado, tronchó una generación, destruyó una juventud y provocó el exilio más grande de la historia patria, el plan económico que se inició con ella, continua profundizándose y llevando a otras generaciones a los márgenes de la vida y de la historia”. A Roig le parece que aún estamos de algún modo en el clima de aquel tiempo. Condición primordial de esto es el “olvido”. Obviamente a partir de intereses creados, se intenta acallar a su opuesto: “la memoria”. Es más, Roig ve entre ambos componentes cuando se muestran en oposición un dilema falso puesto que “la memoria” no es incompatible con la justicia y el ejercicio memorioso acompañado de ella no implica agravio, ni menos aun venganza” puesto que la memoria en su construcción pasa por “toda auténtica vida democrática”. Roig propone como lema para este asunto “memoria y justicia”.

Así mismo, considera como necesarias y derecho inalienable la construcción de historias alternativas frente a las oficiales. Esto último, se hace necesario en la medida que nos preocupamos por nuestra identidad, cuestión que no depende de una esencia, sino de una construcción constante en la medida de la necesidad del tiempo. En esta historicidad y autorreconocimiento está presente la posibilidad de responder a la circunstancia actual, sino ¿cómo habríamos de vivir? “¿vamos a dejar llevarnos por aquel desencanto o vamos a resignarnos a vivir en los resquicios que dejaría eso que llaman “Globalización”? ¿Nos plegaremos al discurso resignado, conformista, y en muchos casos, oportunistas y hasta cínicos de aquellos que han bajado los brazos porque en este mundo “fragmentado” vivir el desencanto es saludable?”.

Como respuesta a estas preguntas Roig llama a embarcarnos en un “proyecto de identidad social nacional y latinoamericano”. Existe todo un bagaje cultural y hereditario que posibilita esa esperanza. Roig propone como referente preferencial a los derechos humanos, su profundización y aseguramiento más allá del discurso político, construcción de “nuevas formas de convivencia humana y estructuras sociales, adecuadas a esos derechos”. Y por otra parte, dice algo que nos parece vital respecto del apropiamiento de la historia como “haber”, puesto que esta está hecha de necesidad y contingencia, posibilita que pongamos a “nuestro favor tanto la una como la otra”. El filósofo argentino llama a hacer esfuerzos comunitarios siguiendo el camino de la humanidad tras “sus propios ideales regulativos”. En ese sentido, el hacerse críticos parece sustancial a un logro de un “perfil propio”, dinámico y combativo desde una sociedad civil independiente. Junto a esto plantea la profundización del “poder de opinión” y la prensa libre. Todas conductas en relación con la lucha por una democracia en que haya justicia social y “los derechos humanos no sean palabras vanas” dejando de lado cualquier posibilidad de corrupción la que amenaza tanto en democracia como está presente en la tiranía.

A modo de conclusión

El tema de la identidad latinoamericana nos remite a una diversidad y pluralidad de naciones, grupos sociales, tradiciones, etc. En ese sentido se evidencia que la construcción de lo latinoamericano requiere del reconocimiento de lo múltiple. Solo así es concebible una unidad en nuestra tierra: unidad en la pluridiversidad.

Por otra parte, la captación del “nosotros” se produce siempre desde un horizonte de comprensión. El transcurso de la historia modifica los contextos, exigiendo de parte de quien los vive una recreación de modo que la herencia o la tradición -“el legado” según Roig- necesita una continua re-actualización. Del mismo modo una actitud de revisión respecto del sí mismo propio y sus condicionantes. Así entonces tenemos, considerando lo anterior, otro antecedente para un marco de acción. Antecedente que se nos presenta como pedagógico-axiológico en cuanto indica una orientación para ser y deber ser.

Eludiendo toda victimización, el autor propone la marginalidad como un espacio enriquecedor en que se producen creativamente acciones superadoras de la condición de postergación, respuestas que quiebran la construcción oficial de la realidad con su destino y que subyacen en la mayoría de los casos ignoradas. Es desde allí que se origina no solo la resistencia, sino también la posibilidad de pensar la utopía. La subjetividad latinoamericana entonces, desde Roig, tiene como piso el mundo marginal. Es desde allí, desde los necesitados – el sitio de la moralidad de la protesta - desde donde ha de surgir la confrontación y alternación al mundo de la ética del poder.

Es así que el sujeto postulado por Roig se constituye como respuesta desde una moralidad alterna a una eticidad estatuida. La moralidad es el ámbito de lo vivido, la existencia, en su variopinta realidad. Por el contrario, la eticidad dominante se constituye desde “la escritura”, en la pretensión de universalidad. Este conflicto es uno de los antecedentes básicos de la existencia latinoamericana, confrontación claramente señalada por la presencia de los amos y el “mundo de la subjetividad popular”.

El espacio en que debe desarrollarse las tareas superadoras de la situación, metafóricamente ha sido nombrado como “ágora”, es decir, la ciudad, lo social y lo político. También los saberes científicos e intelectuales deben constituirse comunitariamente en una actividad pedagógica participativa que extraiga riquezas a partir de la experiencia cotidiana. Junto a estas herramientas de liberación, tenemos que contar con que esta debe desarrollarse también como tarea individual. La fundamental acción respecto de lo personal es desalojar el miedo. Roig dice que en las condiciones actuales de la sociedad, el miedo se hace carne, es decir, se instala vitalmente en cada uno de nosotros, generando mecanismos a través de los cuales hacemos juego al poder dominante.

La responsabilidad y el compromiso son valores que se ejercen individual y socialmente, pero requieren para asumirlos cabalmente de una gran radicalidad. Esta debe contemplar como supuesto central el que no seamos seres definidos desde una esencia, sino más bien desde la existencia. Un punto de partida que debe considerarnos como una continua e inacabada construcción que deshiele las fórmulas respecto de nuestro deber ser en la tibieza de la “inmersión en la contingencia”. Esta situación humana señala una condición con la cual hay que contar siempre: La contingencia ocurre no externamente a nosotros, sino en y con nosotros. Así es que la tarea requiere el estar en continua modificación según nuestra lectura de la realidad, sabiendo que esta deviene y formamos parte de ella. El sujeto visto así es un continuo hacerse, llamado a liberarse de todo absoluto que no sea el del propio existir.

* Sergio Romero González es profesor de filosofía. Magíster mención Pensamiento Contemporáneo. Trabaja para el Departamento de Teología de la Universidad Católica del Norte, Sede Coquimbo, a orillas del mar pacífico en Chile, cuarta región.


[1] Este artículo tiene como base la investigación realizada entre el 2004 y 2005 con el patrocinio de ICALA, Intercambio Cultural Alemán-Latinoamericano.

[2] En nuestra investigación hemos intentado enlazar dos obras de Arturo Andrés Roig: Teoría y crítica del pensamiento latinoamericano y Ética del poder y moralidad de la protesta: La moral latinoamericana de la emergencia. Separadas en el tiempo por casi dos décadas, sin embargo articuladas plenamente.

Roig , Arturo Andrés, Teoría y crítica del pensamiento latinoamericano.

http://www.ensayistas.org/filosofos/argentina/roig/teoria/ .

________________ Ética del poder y moralidad de la protesta: La moral latinoamericana de la

emergencia.

http://www.ensayistas.org/filosofos/argentina/roig/etica/

[3] Borroneo que empieza a ser molesto para sectores conservadores y a requerir soluciones radicalmente represivas como el muro de los 600 kl. en la frontera de los EEUU. y México actualmente en construcción.

[4] Ética del poder y moralidad de la protesta: La moral latinoamericana de la emergencia.

[5] Homenaje en el CRICYT, Centro Regional de Investigaciones Científicas y Tecnológicas, Universidad nacional de Cuyo.

[6] "¿Crees que he hecho mal en consagrar al estudio el tiempo que, por mi sexo, debería haber perdido como tejedora?".

[7] Etica y liberación: José Martí y el “hombre natural”en Op. cit.

[8] En recepción y homenaje a su retorno a la Universidad Nacional de Cuyo, después de su exoneración en dictadura. Op. Cit.

lunes, 6 de agosto de 2007

Filosofía Latinoamericana




“A veinte y seis años de Morelia, ¿Un horizonte desmantelado?
[1][1]”



Sergio Romero González






“Uno no debería preocuparse de tomar fotos o de hacer grabaciones...

Uno debería preocuparse del espíritu, que siempre es huidizo.”

C. Castañeda

“Sabemos que una canción no cambia absolutamente nada, pero a veces ayuda”

F. Saso


1. Morelia, Michoacán, veinte y seis años atrás. A propósito del Primer Coloquio Nacional de Filosofía, se emite el documento titulado Declaración de Morelia: Filosofía e independencia. Firman su elaboración, Dussell, Miró Quezada, Roig, Abelardo Villegas, Leopoldo Zea, conocidos de gran trayectoria y a no dudar comprometidos latinoamericanos. Con la excusa que nos da el paso del tiempo –hoy, en que todo transcurre veloz- nos parece ese momento ya de antigua data y desde este rincón orillado al mar azul me permito pensar aquello en el afán de escudriñar nuestro propio presente.

2. En este texto hay una afirmación inicial que parece fundamental: la “preocupación por la búsqueda del sentido de la realidad e historia“de nuestro continente. En su comienzo escuchamos: “Búsqueda de sentido“. Una tarea para una filosofía de la historia que representa la doble tensión del requerimiento que empuja a la búsqueda de respuesta y junto a ello en tanto en ese accionar radica un sentido del cual depende su propio ser.

Tan asertiva orientación no nace desde la nada. Esta aparece conducida desde una contraposición. Se trata de levantar una alternativa frente a una mirada tenida por excluyente: la filosofía europea y su tradición dominadora, fundada en la pretensión de ser símil de la Ratio; la única ratio posible -enviada transoceánica bajo la instrumental dualidad cruz-espada. Contra aquello, esta declaración levanta un horizonte rebelde que se expresa principalmente en contra de la llamada situación de dependencia –expresión que se relaciona no sólo con el dominio político económico y cultural, sino que dicha en labios latinoamericanos abre una significación ética, una denuncia de una “relación vertical” y una contra apelación desde una “relación horizontal de solidaridad”.

3. En el escrito latinoamericanista se concibe que los países de los cuales ha devenido la cultura occidental, no son ya capaces de desarrollar “los ideales de libertad que han proclamado sus mejores hombres”, asumiendo la necesidad de establecer una tarea de continuidad superando la falencia que éstos sufren respecto de su proyecto original. Los iniciadores de la marcha humanizadora, han devenido en una especie de impotencia, encerrados en un orden político económico de bienestar, alimentado a partir de un actuar neocolonialista que afianza la importación y asimilación de la injusticia a las tierras tercermundistas, sufriendo una osificación de los “ideales” que propiamente los han constituido en naciones modernas. A partir de profundizar y extender esas tareas desde la orilla del lado de los oprimidos, el planteamiento de la Declaración lleva una doble resolución: Siguiendo la vía de la acción particular y concreta de aportar a la liberación de los negados por siglos, en su consideración se hacía cargo de una tarea universal, cuya clave estaba en la superación de un momento estacionario en el desarrollo de la humanidad.

4. Esta filosofía que habla desde lo particular, no obstante, se declara así continuadora de la acción universal de la tradición filosófica, en cuanto cree ver en su aporte, una continuidad respecto a los valores que en la situación histórica originaria de la tradición, fueron concedidos limitadamente “a un grupo de hombres”. Se tratará entonces de ir “poniendo de manifiesto” la discriminación y sus mecanismos a la vez que creando un “instrumental ideológico” para romper con ello, colaborando a la liberación del género humano. Vemos que ello se hace explícito en el acápite titulado “La toma de conciencia”. Allí aparece la siguiente afirmación: “frente a la arbitrariedad y la prepotencia del amo, la libertad y racionalidad del esclavo, frente a la opresión, la liberación.” Y... atención, con lo que prosigue:”Esta relación, genialmente entrevista por Hegel, es la que imprime todo su carácter y sentido a la historia humana.”.

5. La contraposición entonces no es absoluta, pues por una parte se hace oposición al estado de dominación, pero por otra se reconoce una tarea universal que se origina en una racionalidad pretérita y olvidada por aquéllos entre los cuales se gestó. Al pensarlo hoy, nos damos cuenta de lo delicado del caso, creemos ver en ello una especie de dualidad de origen común.

6. Esta posibilidad se juega en torno a la idea que la filosofía, en sí y por sí está teñida por la contradicción. Y no sólo hablamos de la filosofía a secas, sino que también de todo quehacer del pensamiento que busca establecer sentido y explicación de las cosas. La primera contradicción se manifiesta en cuanto a una orientación totalizadora que intenta subsumir los particulares eliminando su individualidad. El nudo de la contradicción estaría allí en la tensión de la relación particular-universal. Esa contradicción parece insalvable por lo menos para los objetivos de un pensar que pretende una garantía de racionalidad y en tanto que esta se expresa en forma universal.

7. Pero por otra parte pensemos en una segunda situación, esta tiene que ver con la

Acción: Es posible concebir que se haya dado en la historia conocida, la existencia de dos orientaciones filosóficas: 1) Por una parte, una tendencia movilizadora tendiente a destrabar concepciones estáticas del mundo y el hombre. 2) Concepciones tendientes a mantener estáticas e intocables visiones fundadas en variables de cualquier tipo de dominio. La primera orientación sería la que se ha expresado en todo acto de rompimiento que apunta a la autonomía. Y, como ya lo hemos dicho, su opuesta, la percepción justificadora de las cosas tal cual estas parecen desde el poder, en el domino de los unos sobre los otros. Así entonces, las observaciones que se realizan están en concordancia según la orilla desde la cual se mira. Pero, integremos a la reflexión una actual y molesta pregunta: ¿Quién define el “error”?. Sin mayores comentarios...Ya conocemos lo difícil y cuestionada que resulta una práctica a partir de declararse liberador universal, es decir, desde la posesión de la verdad.

8. Entonces, ¿No era un camino entrampado, la sola declaración de liberar al “otro”?. Partir estableciendo que estaba en el “error” ¿No era acaso declarar la posesión de una verdad también única, esta vez nacida o renacida en Latinoamérica?

La razón -como única forma rectora- llevada ahora en manos latinoamericanas, hacía otra jugada. Se desplazaba hacia un nuevo espacio cimentado por luchas que habían fluctuado desde los afanes de sobrevivencia hacia una épica de carácter ético. Efectivamente, la continuidad de los orígenes se realizaba. ¿No pareciera esta imaginada forma de “filósofo”[2][2], una especie de -menos pronunciado, pero al fin y al cabo- heraldo platónico, cuya tarea transformadora consistía en interpretar “la historia” bajo una nueva palabra para llevarla al mundo? ¿No hay acaso en eso un afán, en el que aún se escucha la voluntad europeo moderna del “tener razón” como momento culminativo en un espíritu que “supone desde ya la superación de la civilización occidental y anuncia el comienzo de una nueva civilización”[3][3]?

9. Es el caso de que para contraponerse frente a la posición dominadora, la filosofía de este periodo, tuvo que recurrir también a categorías totalizadoras. Por ejemplo en el uso de la palabra “pueblo” fundamentalmente extraída del lenguaje político y religioso.

El “pueblo”, “los pueblos”... categoría que se nombra a lo menos once veces en los tres primeros párrafos del texto leído. Consideración substancial de un ser literario sustentado muchas veces -este no es el caso- por una mezcla de estadísticas y descripciones socioeconómicas. Las palabras sentían representar a un sujeto social en movimiento. Parecía que la Declaración y su proyecto se hacían cargo de hablar por el sujeto sin voz que era el pueblo, los pueblos. El filósofo hablaría en nombre de su pueblo. A la luz del tiempo ¿Podríamos responder qué era aquello que era llamado pueblo? ¿No hubo acaso una sustancialización de un deseo? No era acaso una necesidad de pertenecer y pertenecerse la que se llamada bajo ese término. ¿Era acaso “el pueblo” una ficción para contravenir la ausencia de lazos reales? ¿No intuirían mejor los poetas en su corazón el sentido de tal palabra? ¿No fue “el pueblo”, una actitud, una corriente solidaria que resistía levantada a partir de la indignación, por sobre determinadas clasificaciones económicosociales? En ese sentido, ese sujeto social inubicable era un deseo contenido. Creo que el ahora lejano término señalaba un mito, una ilusión que como todas las de su tipo, de nombrarse tanto en el discurso, terminaría por imponerse en cuanto uso, perdiendo su valor y espíritu trasgresor. Pero tal vez, los mitos no desaparecen y esta serpiente de fuego permanece en las cavidades de la memoria.

10. Creo que gravitaba como supuesto una concepción de una historia lineal que avanzaba superando sus tramos. Sin embargo, ¿no habría allí un exceso de voluntad, un querer porfiado con una base ideológica que pretendía un desarrollo natural y racional de las condiciones de la historia hacia un final venturoso? ¿No hubo allí una presunción fundada en una “buena voluntad” demasiado optimista?, un tono profético, que en su entusiasmo ignoraba el repliegue que ya se podía ver venir. Tal vez hubo una severa tradición de formación europea enyugada con sentimiento y pasión latinoamericana que hizo incluso que esta declaración llegara demasiado tarde, rememorando y confirmando el hegeliano dicho sobre el búho de Minerva, tarde para desarrollar un aparato conceptual distinto de lo heredado, impotente política y socialmente en cuanto ya habían caído los estudiantes en la plaza de Tlatelolco, había muerto el Ché, se había suicidado Allende en un último acto político y de soledad, y el ascenso de las luchas revolucionarias, con las cuales este filosofar solidarizaba, comenzaba a disminuir.

11. Sin embargo este intento en su recapitulación, guarda ciertas enseñanzas que no pueden dejarse escapar. La primera de ellas es que podemos percibirla como una respuesta o disposición ética que pretendía enfrentarse a las condiciones de asimetría de los mundos y su estructura de dominio. Subyacía a la declaración un sentido de indignación frente al sufrimiento asociado a una forma política. En ese sentido este pensar escapaba a las formas tradicionales en cuanto a su origen, la filosofía aquí respondería a una exigencia ética, el sentido de su ser no era conocer o describir sino que resumía en su voluntad la necesidad de justicia recogida de las luchas sociales y políticas de los sectores sufrientes. Teniendo estos intelectuales condiciones para desarrollar una existencia cómoda, optaban por la complicación y el riesgo de indagar sobre las circunstancias y la posibilidad de su transformación. Pretendían ciertamente un nuevo sujeto intelectual, el problema era establecer un cuerpo metódico que resolviera la dependencia al interior de su mismo trabajo. Un cuerpo metódico que pudiese parase frente a frente y de igual a igual al de la tradición europea compartiendo escenarios similares.

12. Pero nuevamente viene el día y hace ocultarse al búho, remplazado por su actual versión diurna, la pajarraca ave de la globalización y la economía neoliberal, viajando en una historia que se impone con su no-historia, su estallido fragmentario. La “ausencia de un porqué”[4][4], la disolución de lo sólido en el aire[5][5], anuncios de dos siglos atrás se hacen nítidamente presentes. En estas condiciones, desde quien se reconoce en una casi lejana y porfiada vocación de ser latinoamericano ¿Qué se puede pensar? Se me ocurre un par de propuestas algo muy modesto, casi obvio y por qué no, desesperado. Nada nuevo, más bien proverbial, pero en el olvido cuando se trata de tozudas disquisiciones teóricas:

13. El papel de la imaginación, aquélla subyacente arma de sobrevivencia frente a lo dado, lo que permite el primer paso para subvertir el orden y que posibilita el sueño de las utopías. Que puede iniciarlas y traerlas al presente, condición sin la cual la utopía es alucinación. Que permite ocultar dioses vernaculares tras vetustos fundamentos extranjeros, que hace ver mundos que nadie ve por su proximidad. La de la embriaguez productiva Aquélla que ha obrado a mi entender en lo que he señalado como la orientación primera de la filosofía, la movilizadora, aquélla que ambivalentemente se contradice con su otra cara, la de lo qué es en cuanto seguro, consolidado y establecido. La imaginación. Estaba seguramente presente hace veinte y seis años atrás en Morelia en esa declaración que comenzaba señalando la necesidad de la búsqueda de sentido. Sus autores suponían que éste existía, lo imaginaban, y si así no fuera, ¿entonces qué quedaría? Pues, entonces, habría que inventarlo y descubrirlo en nuestra acción.

14. Por otra parte, si bien “la historia” ha tendido a la volatilización, queda un espacio intocado por la desarticulación social, por la pérdida de memoria. Me refiero a lo que llamaré -a contrapelo- relato: la sucesión de hechos que guardan un sentido para aquéllos que lo comparten. No es necesario agregar mucho respecto de su validez, se trata de un asunto ya establecido el que éste produzca mediaciones en relación a las realidades. Tal vez ha llegado larvadamente el momento de recomponer una historia desde lo pequeño, a través de la multiplicidad hasta un momento posterior en que ésta pueda constituir -tal vez- un cuerpo que signifique un nuevo mundo.


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[1][1] IV Congreso Internacional de Estudios Latinoamericanos, Universidad de la Serena .

[2][2] En tanto “personaje” representante del intelectual de la época.

[3][3] Acápite 5 La filosofía, las ciencias y la dependencia.

[4][4] Referencia a F. Nietzsche en relación a su anuncio relativo al nihilismo.

[5][5] Marx, referencia a su apreciación de la época moderna.



(*) Universidad Católica del Norte, Coquimbo, Chile.

El profesor Sergio Romero es catedrático de Filosofía en la UCN

Tomado de las Actas del CEL, Universidad de la Serena, Chile