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martes, 6 de abril de 2010

Amnistía en Nicaragua

De amnistías y perdones: otro impúdico episodio

José Luis Romero Molina

Investigador del CIELAC

14:31 - 13/02/2010

Blogs y encuesta
Este artículo fue seleccionado como uno de los tres más leídos y comentados de la semana en el blog ciudadano del Nuevo Diario


“Cuando es más corrupto el estado, hay más leyes.”
Cornelio Tácito



La mafia política nacional parece no cejar en su empeño de querer encerrarnos, a todos los nicaragüenses sin excepción, en el corral donde ellos ejecutan su más sórdida voracidad por detentar el poder. El episodio más reciente está marcado por dos capítulos de una misma trama matrera: la amnistía para el estelar dueto “opositor” Alemán-Montealegre por un lado; y por el otro, el sobreseimiento definitivo dictado por una representante de la “justicia” de los reconocidos usurpadores del erario, Byron Jerez y Esteban Duquestrada; ambos ex funcionarios de la administración Alemán, correspondiendo al primero un sitial en “cuadro de honor” al malversar fondos destinados a las víctimas del huracán Mitch.

El primer capítulo está protagonizado por un elenco “de lujo” extraído de las mismas entrañas de la erróneamente denominada Asamblea Nacional, el que propugna por el perdón definitivo del dúo “opositor”, bajo el principio de “hoy por ti, mañana por mí”.

El segundo capítulo del sainete de marras, aunque carece de autoría intelectual visible, es de amplia especulación pública el nombre del titiritero que mueve el tinglado y cuyo principal objetivo es contar con dos “ases” que con sus testificales puedan acercar a presidio a la disfuncional pareja “opositora”.


El escenario montado para el desenlace se aproxima más bien al reñidero de una gallera (con el respeto que estos nobles emplumados se merecen), en donde los gritos de “voy al pinto” o “voy al colorado” se transfiguran en graznidos exigiendo “cárcel para los ladrones”. Esta exigencia “justiciera” se tiñe de ridiculez al examinar el conglomerado de saltimbanquis que la compone: sicarios del periodismo y tránsfugas políticos.

Lo singular de esta “gallera politiquera” es que de cumplirse la exigencia planteada por estos “justicieros” muy seguramente nos llevaría al borde del caos, o quizás al caos total; el sistema carcelario colapsaría en razón de días (carece de espacio para dar alojamiento a parte de los “justicieros”, a sus amos y a muchos otros que no conocemos), la variedad y amplitud de convictos generaría efectos impensables: cierre de micros y macro financieras, cierre de grandes, pequeñas y medianas empresas.


Lo que sí es cierto, y creo que hay que admitirlo, es que la tragicomedia que a diario presenciamos ya ni siquiera tiene las mínimas luces de bandidencia, carece totalmente de imaginación. Apretar la podredumbre por un lado a sabiendas que puede salir pus por cualquier lado, es el episodio que todos los nicaragüenses conocemos.

lunes, 8 de marzo de 2010

Cultura de paz

Un Ejército para la Paz

Tomás Téllez Ruiz (*)

El primer discurso del nuevo Jefe del Ejército de Nicaragua, Gral. Julio César Avilés, es muy revelador para la ciudadanía nicaragüense en el sentido de que nuestro Ejército Nacional se consolida como un ejército moderno, al servicio de los intereses del pueblo nicaragüense y no al servicio de una élite, sea ésta política, social o militar.

Como es sabido, sangrientas y feroces dictaduras militares predominaron en América Latina durante la década de los 50 hasta los 90, llenando de zozobra y terror a sus propios pueblos con persecuciones, torturas, asesinatos y todo tipo de irrespeto a los derechos humanos. Y la principal base de sustentación y ejercicio de dichas terroríficas dictaduras, fueron los ejércitos nacionales, animados por la así llamada Doctrina de la Seguridad Nacional. Ésta fue ideada, fomentada y ejercitada por los gobiernos de Estados Unidos, bajo manuales y enseñanzas por expertos estadounidenses y en centros de entrenamiento militar tales como la Escuela de las Américas, ubicada en la (en esas décadas) zona del Canal de Panamá. Afortunadamente esa tenebrosa época ha pasado y ahora, en mayor o menor grado, ha habido un notable avance de los principios de gobierno democrático en una gran mayoría de países occidentales, tanto en Europa como en América Latina.

El rol fundamental para la entronización de dictaduras o para que el ejercicio del derecho sea la fuerza motriz de la democracia, es el llevado a cabo por las fuerzas armadas, o ejércitos de cada país, por el simple hecho de que a ellos el pueblo les ha confiado el delicado rol de tener el control y dominio de las armas. Y las armas constituyen el gran poder que permite decidir, controlar e imponer: imponer el terror, el despotismo y el irrespeto, o imponer la fuerza del derecho y el respeto a las libertades y derechos de las mayorías de un pueblo.

Con la vigencia de la Carta de los Derechos Humanos, de los preceptos del Derecho de la Guerra y del Derecho Humanitario Internacional, la existencia de cortes internacionales de justicia, tratados internacionales de comercio, derecho y justicia universal, el rol de los ejércitos también se ha modernizado, en el sentido cabal y correcto de que los mismos son y están para garantizar la plenitud de la vigencia de los principios democráticos. Si en el pasado sirvieron para fomentar dictaduras feroces en contra de sus propios pueblos, ahora deben entender y ejercer su rol para defender la seguridad de esos conglomerados a los cuales se deben.

Es por ello que el reciente golpe de estado en Honduras a fines de 2009, perpetrado por militares de ese país, el cual depuso a un presidente democráticamente elegido, ha sido reprobado y rechazado por la gran mayoría de países del mundo. Ningún ejército debe ya atribuirse ese rol abusivo de decidir, siendo una ínfima minoría poblacional, lo que debe ser el destino de un país, tan sólo por el hecho de que están a cargo de las armas. La situación en Honduras se perfiló como un rescoldo de ese abuso de poder que campeó en las décadas mencionadas. Sin embargo, el rechazo generalizado de prácticamente todos los países del mundo, reveló que es una práctica degradada y en decadencia. Confiamos que esa golondrina no hará verano, ante la modernidad de ejércitos respetuosos de la voluntad de las grandes mayorías, que garantizan una democracia y ejercicio de derechos humanos a nivel local e internacional.

La disciplina militar hoy en día es entendida siempre dentro de los límites de la Constitución de la República y de los valores básicos que en ella se sustentan, muy destacadamente, el respeto de los derechos humanos. El moderno espíritu militar de cuerpo parte de la consideración de que el ejército es una corporación formada por individuos moralmente selectos, con un alto nivel ético y un recto concepto del honor inseparablemente unido al respeto a los derechos humanos, con un alto nivel de exigencia en materia de moral y honor militar, basado en que toda violación de los derechos humanos constituye una violación del honor que no puede ser tolerada por la institución.

Esta vinculación entre derechos humanos y honor militar es tan estrecha en los ejércitos democráticos que, de hecho, en tales ejércitos, toda violación de los derechos humanos se considera como un grave quebrantamiento del honor militar.

Tal entendimiento y proceder es lo que propiciará una correcta relación del ejército con su propia sociedad, superando así los naturales temores y recelos de la población civil, heredados de los abusos y violaciones de derechos humanos cometidos por los ejércitos en esas funestas décadas de fines del siglo XX.

Se decía de los gobiernos y ejércitos que eran grandemente temidos por sus propios pueblos; ahora debe decirse que los gobiernos y ejércitos son quienes deben temer a sus pueblos, en la medida en que no cumplan con la sagrada misión encomendada de empuñar las armas para garantizar la plena vigencia de los derechos de los pueblos.

Del discurso del Gral. Avilés podemos colegir que el actual Ejército Nacional de Nicaragua, es un ejército de este talante moderno y democrático, lo cual, por supuesto, es motivo de alegría y satisfacción para nosotros como ciudadanos. Queremos animarle altamente a que así continúe; así estaremos hablando de un ejército, no para la guerra, sino para la paz.

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(*) Experto en cultura de paz, de la Universidad Politécnica de Nicaragua UPOLI

lunes, 22 de febrero de 2010

Análisis desde el Sur

Petróleo y Malvinas en el debate por la soberanía

Por: Julio C. Gambina [1]

Se reabrió la polémica por las Malvinas en un tema estratégico: la explotación petrolera. La noticia remite a inversiones inglesas en las islas argentinas usurpadas por el Reino Unido y la decisión del gobierno argentino por impedir el transporte de materiales asociados a dicha explotación. Esa medida gubernamental está sostenida en el incumpliendo inglés de acuerdos diplomáticos entre ambos países. Acuerdos que funcionaron entre 1995 y 2007 y reiteradamente incumplidos por las licitaciones de áreas petroleros habilitadas por Inglaterra en Malvinas.

Los trascendidos y declaraciones en cada país motivan las más diversas especulaciones, incluso guerreristas (al mejor estilo Thatcher en 1982) en el ambiente electoral británico, pero lo importante es la discusión sobre el uso soberano de los recursos naturales, un tema que trasciende la explotación de hidrocarburos y se proyecta a la explotación de la minería, de la tierra y su producción agrícola y ganadera, especialmente en tiempos de subas de los precios de la alimentación y deterioro de la capacidad de compra de los sectores de menores ingresos.

El capital sin fronteras


El hecho son las concesiones para explorar y explotar yacimientos establecidos en el mar argentino. Son acciones de empresas transnacionales sobre un potencial de 200.000 millones de barriles de petróleo.

No resulta ocioso recordar el peso estratégico de la producción petrolera en las condiciones del modelo productivo vigente y que la Argentina es de los pocos países que no administra soberanamente las reservas petroleras. El 90% de las reservas de petróleo del mundo son administradas por los Estados nacionales, claro que también se verifica la dependencia de la actividad petrolera de las corporaciones privadas que manejan el paquete de la tecnología del petróleo, la comercialización, el financiamiento y el transporte. No alcanza con la soberanía sobre los yacimientos, siendo estratégico el paquete tecnológico, el know how de la exploración, explotación y distribución de los hidrocarburos. Es todo un tema para pensar la cuestión energética desde un enfoque alternativo, pues no solo se trata de recuperar la petrolera estatal, sino de articular un trabajo de ciencia y técnica en el marco de la cooperación e integración regional.

El episodio que comentamos articula a la Empresa Desire Petroleum y uno de sus principales accionistas: la Banca Barclays, entidad financiera organizadora seleccionada por el gobierno argentino para la reapertura del canje de la deuda externa en cesación de pagos. Se trata de una combinación de dos temas centrales, la explotación petrolera y la negociación de las acreencias externas. Convengamos que la cuestión involucra a socios locales de la iniciativa inglesa, ya que el detenido embarque de tubos sin costura provenía de la empresa Techint. Este consorcio actúa en la explotación petrolera en territorio argentino a través de Tecpetrol y cabe el interrogante si el intento exportador de Techint no inhabilita el accionar del grupo en la explotación petrolera en nuestro país.

Es un razonamiento extensivo a la actividad petrolera inglesa, de la Barclays y la banca británica, como de todas las empresas externas, especialmente inglesas, que operan en el país. Recordemos que existen disposiciones de la Secretaría de Energía que prohíbe expresamente operar en la plataforma continental argentina sin habilitación de autoridad competente de nuestro país, situación que incluye a las empresas “controlantes, controladas, accionistas, y asociadas”.

Pensar y actuar soberanamente


Son cuestiones a considerar en el marco de la recrudecida crisis de la economía mundial, donde se discute la cuestión fiscal de Europa, el déficit de los estados europeos y su financiamiento por la banca europea. La respuesta del capital y los Estados hegemónicos a la crisis pasa por el ajuste de las cuentas públicas afectando salarios y gasto estatal social, y por una nueva escalada de la ofensiva del capital por la expansión de la explotación de fuerza de trabajo y recursos naturales.

Es tiempo para pensar en la administración soberana de la economía, en soberanía alimentaria, energética y financiera. Lo que estamos sugiriendo es combinar acciones diplomáticas con un debate sobre la soberanía del orden económico local. ¿Es acaso utópico pensarlo, cuando la tendencia es al alza del precio del petróleo, de las tasas de interés (ahora aumentadas por la Reserva Federal de EEUU) y de los precios de los recursos naturales? El debate no es ocioso, máxime cuando el país está negociando el tratado de libe comercio entre el Mercosur y Europa para suscribir en Mayo en los fastos del bicentenario.

El asunto es que no son discusiones distintas, el libre comercio que afecta y afectará a la debilitada industria local es parte de la estrategia ofensiva del capital mundial por la expansión de su actividad en recursos naturales, finanzas y comercio.

Lo que sugerimos es la oportunidad para la discusión sobre la organización económica local sobre bases de soberanía, ahora que se acaba de anunciar el funcionamiento de una articulación entre el Ministerio de Economía y el Banco Central para redefinir el “modelo productivo” surgido de la cesación de pagos de fines del 2001 y de la devaluación de comienzos del 2002. De allí vino el gran crecimiento económico de los últimos años. Se sostiene ahora que además de dólar alto hace falta financiamiento para ampliar la inversión y la acumulación.

Pretendemos argumentar que no sirve engordar el mismo modelo productivo. Se requiere avanzar en otro sentido, donde el eje sea la soberanía y la satisfacción de necesidades sociales que fundamentan la extendida pobreza en la Argentina.


Buenos Aires, 21 de febrero de 2010.


[1] Profesor de Economía Política en la Facultad de Derecho de la Universidad Nacional de Rosario. Presidente de la Fundación de Investigaciones Sociales y Políticas, FISYP. Miembro del Comité Directivo del Consejo Latinoamericano de Ciencias Sociales, CLACSO. Director del Centro de Estudios de la Federación Judicial Argentina, CEFJA. Fundador de ATTAC-Argentina.

viernes, 19 de febrero de 2010

Haití y el clamor de los pobres

Haití: ¿cambios en el mapa de pobreza de América Latina?

José Luis Romero

Investigador del CIELAC

El país más empobrecido de América Latina era Haití, el terremoto de Enero pasado probablemente lo ubique en una escala “especial” de pobreza; los eruditos del Fondo Monetario Internacional y del Banco Mundial tratarán de encontrar la “metodología adecuada” para reordenar la escala de calificación de pobreza establecida antes del sismo.

El vergonzante segundo lugar de “país más pobre de América” oscila entre varios candidatos; Nicaragua, Honduras y Bolivia, son por lo general los más “calificados” para ese segundo lugar; sin embargo hay que señalar que América Latina es una región pobre o empobrecida, pero sobre todo injusta. La brecha de distribución del ingreso nacional entre los que reciben más y los que reciben menos es alarmante. Basta imaginar que el continente africano posee un modelo de distribución del ingreso menos inicuo que el de nuestro sub-continente.

La multidimensionalidad de la pobreza complejiza su definición y medición en términos que los parámetros establecidos puedan servir indistintamente para cualquier país de la región; el concepto y medición de pobreza tiene que ver con el bienestar individual o colectivo ya sea a través de la capacidad de adquirir bienes y servicios o a la capacidad de satisfacer las necesidades más básicas (vivienda, agua potable, energía, salud, educación, etc.).

La situación generada en Haití después del 12 de Enero magnificó las debilidades estructurales del país y la influencia de siglos de esclavitud, usura y explotación indiscriminada de sus recursos humanos y naturales impuesta por un “orden mundial” que aún persiste bajo distintas figuras.

Quedó al descubierto la ineficacia del recetario del Consenso de Washington y algunas de sus derivadas; el Ajuste Estructural, la Iniciativa para Países Pobres Altamente Endeudados y los Tratados de Libre Comercio, entre otras. También evidenció la desvergüenza del gobierno francés cuando su ministro de finanzas hizo un llamado para acelerar la cancelación de la deuda externa de Haití; las raíces de las vulnerabilidades de la isla y sus pobladores apuntan a Francia, sin lugar a dudas.

Los emblemáticos subyacentes de la rebelión haitiana (1791-1804), inspirada en los principios de la Revolución Francesa y encabezada por el esclavo auto-didacta Toussaint L’Ouverture son únicos en la historia moderna mundial: la segunda República fundada en el Hemisferio Occidental y la única liberada por esclavos afro descendientes que después de derrotar a sus esclavistas derrotaron a la armada napoleónica.

Durante 122 años (1825-1947) Francia “cobró” la osadía de los afro descendientes haitianos de haber proclamado su independencia en 1804, y cobró caro: 150 millones de francos en oro (el equivalente de 22 billones de dólares de hoy) sobreexplotando suelos y mano de obra para extraer bienes y ganancias que sólo dejaron pobreza humana y ecológica para al país. Es una realidad aplastante al ver una imagen satelital de la frontera entre República Dominicana y Haití; República Dominicana tiene árboles, Haití no.

En el año 2003, Haití demandó a París la restitución de los 22 billones de dólares que disciplinadamente pagó durante 122 años; la respuesta no se hizo esperar, el gobierno galo argumentó que el caso estaba cerrado desde 1885 e incluso, para el 2004, formó la Comisión de Reflexión bajo la conducción del filósofo izquierdista Régis Debray para que examinara las relaciones históricas entre los dos países, la conclusión de dicha Comisión es lacerante: “la restitución no es pertinente en términos históricos ni legales”

Haití no necesita un perdón de la deuda externa, sólo necesita que sus acreedores actúen responsablemente y faciliten las condiciones para reconstruir lo que se ha destruido por siglos y en donde la comunidad latinoamericana actúe solidaria y activamente para restituir la integridad de ese históricamente castigado pueblo.

No puede ser posible que frente a la catástrofe las donaciones de Francia no sean ni siquiera la mitad de las donaciones inglesas. El amargo legado histórico del colonialismo es una verdad inevitable, pero un reconocimiento de los errores históricos siempre le hará bien a la humanidad.

martes, 22 de septiembre de 2009

El derecho a la información

El periodismo y el compromiso con la verdad

Guillermo Gómez Santibáñez


Se trata, sin embargo, de la verdad de los hechos, de la libertad de prensa y del derecho a ser informado de forma veraz. En este punto, quiero formular una pregunta: ¿Qué es la verdad?. ¿A qué nos estamos refiriendo cuando hablamos de la verdad?, y aunque esta pregunta tiene una gran profundidad metafísica, yo no pretendo sumergirme en ella, sino simplemente chapotear un poco sobre el lindero de sus aguas

END - 20:08 - 21/09/2009


“La verdad, sino es entera, se convierte en aliada de lo falso”.

Javier Sádaba

Los que tenemos la oportunidad de revisar a primera hora del día los periódicos del país, disfrutamos del privilegio de informarnos de los hechos que hacen la historia de una nación y de los avatares de la vida de una sociedad.


Una lectura criteriosa y crítica de cualquier tabloide, nos permite la posibilidad de formarnos una opinión sobre el devenir político y social de un pueblo, sin la anteojera del dogmatismo y sus verdades absolutas. Se impone el imperio de la razón y su juicio crítico cuando se trata de discernir los elementos de un periodismo serio, responsable, ético y objetivo; capaz de ofrecernos diariamente una ventana de información veraz, para recibir lo mejor de su trabajo periodístico, desechando lo peor.


Nicaragua, como cada país de nuestra América Latina, ofrece a diario los mejores escenarios para recoger las noticias, que por sus acontecimientos y la naturaleza de sus actos, la hacen mejor o más desgraciada, dependiendo del enfoque noticioso. En su cotidianidad emergen los actores sociales y políticos, cada día haciendo una historia distinta. Como guardianes implacables del hecho noticioso, surgen también, omnipresente, los periodistas, que cual profeta de antaño, ponen su reporte como una espada de dos filos, ya sea para una buena noticia o una denuncia con su peor admonición.


Se trata, sin embargo, de la verdad de los hechos, de la libertad de prensa y del derecho a ser informado de forma veraz. En este punto, quiero formular una pregunta: ¿Qué es la verdad?. ¿A qué nos estamos refiriendo cuando hablamos de la verdad?, y aunque esta pregunta tiene una gran profundidad metafísica, yo no pretendo sumergirme en ella, sino simplemente chapotear un poco sobre el lindero de sus aguas. Pareciera de lo más fácil hoy día hablar de la verdad, sobre todo cuando leemos los periódicos; oímos debates radiales, vemos entrevistas televisivas, o simplemente, entablamos tertulias amistosas o familiares.

El relativismo de nuestros días y la proclama de los derechos individuales nos hacen reñirnos con toda forma de dogmatismo y absolutismo. Todo el mundo puede emitir su opinión y aportar cualquier interpretación de la realidad, pero con la condición de que no se tenga la peregrina pretensión de que eso sea considerado verdadero. Si alguien pretende tener la verdad, implicaría entonces que los demás no la tienen y luego brotaría el poder de imponerla bajo un acto antidemocrático y tiránico, violatorio de la libertad de expresión. Este comportamiento absolutista nos situaría en la galería de los fanáticos, que convencidos de su propia verdad y de que sus ideas son las verdaderas, se lanzan en el violento río del enceguecimiento y del error, creyendo que deben salvar, por las buenas o por las malas, a quienes no tienen las mismas ideas o pensamientos.


¿Qué significa realmente la verdad? Esta pregunta nos parece un tanto complicada cuando se trata de ver el fondo, la esencia de las cosas, y no tanto lo externo, lo aparente. Ver la esencia de las cosas nos exige un compromiso con la verdad, un entreveramiento con lo existente. El sofista Protágoras, quien en la carta magna del relativismo occidental proclamó al hombre mesura, (“el hombre es la medida de todas las cosas”), opuso al criterio absoluto, que discrimine entre ser o no ser, verdadero o falso, el criterio del hombre individual como el únicamente válido. En este sentido, el principio del hombre medida, según Protágoras, establece el criterio de la verdad o la falsedad. Cada hombre tiene su verdad, nadie está en lo falso. No existe un verdadero absoluto, sino lo más útil, lo más conveniente, y lo más oportuno; el hombre es medida y medidor en relación con la verdad y la falsedad. El problema de Protágoras, sin embargo, fue haber convertido la medida del hombre, en utilidad, es decir, en algo objetivo. El bien y el mal como lo útil y lo perjudicial, pero sin saber sobre qué bases y qué fundamentos. La antilogía protagórica fue el mejor recurso donde se echaron a correr los argumentos y contraargumentos, en un franco duelo de razones contra razones. La salida al pragmatismo de lo útil de la tesis relativista la dará el maestro Sócrates, quien habrá de excavar con mayor profundidad en la esencia del hombre.

La verdad que hemos heredado en nuestra cultura occidental nos viene de la perspectiva helénica; y su ámbito es el juicio cognoscitivo, es decir, cuando una idea o conocimiento producido en la inteligencia, por medio de la palabra, informa sobre un determinado aspecto de la realidad, y esa realidad externa coincide con la idea interna que la refleja, ese conocimiento es verdadero. Si no fuera así, entonces ese conocimiento es falso. Aristóteles define la verdad como “la adecuación del intelecto con la cosa”. Santo Tomás de Aquino recoge esta misma definición. A partir de aquí, el conocimiento de la verdad estará ligado a la correspondencia con la realidad objetiva; la verdad es la correcta idea, que es posible gracias a la correcta información. Sólo es posible lo verdadero cuando los datos son empíricamente verificables, de lo contrario, se está frente a una falsificación.


Un segundo elemento de abordaje en esta reflexión nos viene del derecho a la libertad de expresión o libertad de información, que demandan en nuestra sociedad, tanto los trabajadores de los medios de comunicación social, como el pueblo, que exige también el derecho a ser informado de forma veraz. Pero, ¿qué es la libertad de expresión o de información?, si bien es cierto que es un derecho individual garantizado por la Constitución Política de la República de Nicaragua (Arto. 30 Cn) y en correspondencia con el Arto. 19 de la Declaración Universal de los Derechos Humanos, es conveniente entender primero, que en lo relativo a la libertad de información o libertad de prensa, es menester decir que no es la libertad del periodista para decir lo que él quiera, sino más bien el derecho del lector del periódico de informarse. Sobres este principio fundamental quiero remitirme a un texto del pensador francés Jean-Paul Sartre, quien diera una rueda de prensa en enero del año 1973 con motivo del nuevo diario francés Liberación: “…Es la gente que trabaja en una fábrica, en una obra, en una oficina quien tiene el derecho de saber lo que pasa y sacar las conclusiones. Claro, es necesario que el periodista tenga la posibilidad de expresar sus pensamientos, pero eso significa solamente que debe procurar que se informe constantemente al pueblo. ¿Cuál es el medio de informar al pueblo? Es el pueblo mismo. [...] Se nos habló de objetividad. Pues bien la objetividad es una situación verdadera tal como la expresa el pensamiento popular. Es la gente que piensa sobre una situación que es suya. Y esto es lo que debemos recoger. Como ya se dijo, el periodista no debe hacer la historia, no debe interpretarla. Debe recoger el acontecimiento y divulgarlo a través del periódico a este pueblo que es el más interesado en conocer el acontecimiento en cuestión y todo lo que no se le informa. En esencia es necesario que el pueblo discuta con el pueblo.”